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La gran ambición

Xavier Mas de Xaxàs
El Periódico
Domingo, 19 marzo '06

Barcelona, referente urbanístico desde los Juegos Olímpicos de 1992, se ha convertido ahora en un ejemplo para las ciudades con ambición de trascender su propia región y tener un papel determinante en la aldea global. Así lo ha puesto de manifiesto, al menos, Michael Parkinson, director del Instituto Europeo de Asuntos Urbanos, que esta semana ha participado en un encuentro organizado por el Pla Estratègic Metropolità, que ha reunido a urbanistas de varios países europeos en el Pati Manning.

Parkinson, profesor universitario en Liverpool, ha visitado Barcelona con regularidad desde 1988, y resume en tres puntos el progreso de la ciudad. El primero y más conocido es "la renovación física y cultural" con motivo de los Juegos del 92. El segundo es la Barcelona tecnológica, que apuesta por la innovación, en proyectos a gran escala como el 22@, consciente de que su relevancia económica en la era de la información dependerá de su habilidad para hacerse un hueco en el competitivo mundo de la vanguardia científica. El tercer punto, y a su juicio el que más beneficios puede generar para los barceloneses, es la voluntad política de integrar la región metropolitana, aunando los intereses de ayuntamientos diversos.

Tanto la apuesta tecnológica como la gestión integrada del territorio metropolitano son, a juicio de Parkinson, los pilares de lo que él llama "el segundo acto" del progreso barcelonés. "Barcelona ha entendido bien la necesidad de innovar, la inutilidad de vivir sobre la reputación de los Juegos. Los proyectos urbanísticos de entonces fueron excelentes e imprescindibles para superar el déficit del pasado, pero insuficientes para garantizar el progreso en el siglo XXI".

En este sentido, "Barcelona es uno de los pocos lugares del mundo donde una ciudad principal desarrolla una estrategia conjunta con las poblaciones vecinas. Todo el mundo en Europa se plantea el problema de los límites urbanos. ¿Hasta dónde puede llegar la ciudad? Barcelona hace bien en organizar una gestión conjunta del territorio, aunque sea muy difícil dada la diversidad de intereses y la cantidad de ayuntamientos implicados. Es uno de los planes políticos más ambiciosos que conozco".

Si Barcelona es buena innovando y hace bien en buscar el progreso manteniendo una seña de identidad propia - "es una ciudad muy orgullosa de su pasado y esto la hace diferente"-, tiene una clara desventaja con otras ciudades europeas a la hora de acceder a los mercados. Barcelona, según Parkinson, no tiene un acceso fácil a los mercados, lo que supone un lastre para su desarrollo.

Parkinson considera que la ciudad debería tener un control absoluto sobre sus infraestructuras e ejercer un papel más determinante en las instituciones educativas, especialmente las universidades. "Los aeropuertos y las universidades son los motores de las economías modernas. Son fundamentales para cualquier ciudad. Londres es muy importante, en parte, gracias al aeropuerto de Heathrow, del mismo modo que Manchester, la ciudad inglesa que más se parece a Barcelona, ha fundamentado gran parte de su desarrollo en su aeropuerto". Barcelona debería poder gestionar su aeropuerto, al mismo tiempo que hace tiempo que debería haber contado con un tren de alta velocidad.

Barcelona supera estos déficit estructurales con una mentalidad muy abierta. "Es una ciudad muy abierta a gentes e ideas, capaz de mantener una conectividad virtual e intelectual con todo el mundo. Aquí hay gente de toda Europa y siente que en este lugar hay mucha energía, mucha ambición, una gran escala".

De ahí que cada día haya más ciudades en Europa que se pregunten si serán capaces de competir con Barcelona. Estas dudas, por ejemplo, las tenían urbanistas de Rotterdam, Munich, Viena y Helsinki, que esta semana han pasado por el Pati Manning. "Estas ciudades ven Barcelona como un rival muy fuerte, como un gran competidor, sobre todo debido a las grandes inversiones que está efectuando en las industrias científicas y de la información".

El progreso económico atrae inmigrantes y Parkinson considera que no hay futuro sin inmigración. Por muchos problemas de adaptación que causen los recién llegados, no hay duda, a juicio del profesor, de que acabarán aportando mucho más a la economía de lo que hoy pueden "costar" en prestaciones sociales y competencia por un puesto de trabajo. "Si quieres estar arribar debes internacionalizarte, abrirte a otras culturas, aceptar que la inmigración sea uno de los motores de tu crecimiento".

Parkinson considera que Barcelona, de momento, está jugando sus bazas con mucha inteligencia. "Lo mejor es que la ciudad no se ve como un actor regional, sino que aspira a tener un papel en la escena global. Esta gran ambición es muy destacable".