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Un antes, un después. Con mucho ruido de por medio. Guy-Manuel de Homem-Cristo y Thomas Bangalter cristalizaron las (des)ilusiones de toda una generación que ya no quería tener que escoger entre rock y techno, entre pasado y futuro, entre las series B y el arte con A mayúscula, entre el underground y el mainstream, el individualismo y la mundialización, entre lo analógico y lo digital. Una generación (¿la X de Douglas Coupland?) que cita tanto a Brian Wilson como a John Carpenter, que lee libros y se conecta a Google, y ha hecho de la contradicción su filosofía de vida. Con tan sólo veinte años, Daft Punk reventó moldes a golpe de beats, inventándose sobre la marcha una actitud para controlar el caos posmoderno en el que se ha convertido nuestra sociedad, y consiguieron imponer su visión a las leyes del capitalismo discográfico, con una refrescante mezcla de inocencia e ironía. Para mofarse del star-system, este par de punks no tan bobos como quieren aparentar se escondieron detrás de unas máscaras que evolucionarían en sofisticados robots en la época de su segundo álbum, “Discovery”.

Empezaron como Darlin’, banda efímera y circunstancial de punk-surf anecdótico para encontrarse de golpe en el ojo del huracán del movimiento rave, justo en medio de los noventa. Dentro de esta vorágine hicieron sus primeros deberes en casa, contactaron entre watios con el sello techno escocés Soma para el poker ganador ‘The New Wave/Alive’ y -sobre todo- ‘Da Funk/Rollin’ and Scratchin’’, verdadera deflagración que iba a desconcertar al planeta entero, dos años antes del “OK Computer” de Radiohead y del “Dig Your Own Hole” de The Chemical Brothers. Lógicamente, seguiría su paso a la multinacional Virgin y en 1997 entregarían un “Homework” fabricado en su piso-estudio, artefacto máximo repleto de filtros sucios a medir en la escala de Richter, sensaciones cítricas y chirriantes colores complementarios, choque eléctrico de influencias variopintas (para una lista exhaustiva, reescuchar su ‘Teachers’). A todo ello hemos de añadir un impacto visual amorosamente confeccionado por una nueva generación de cineastas con argumentos (Roman Coppola, Michel Gondry, Spike Jonze o el manga-master Leiji Matsumoto) y una tipografía que resiste al paso del tiempo, declinada hasta la saciedad (bordada, de mercurio, de fuego, pixelada, luminosa, televisiva...)

Vuelven ahora con “Daft Punk Musique Vol 1 1993-2005” (Virgin), repaso necesario a la legión de hits de sus tres elepés, y con su esperada vuelta a los escenarios, en los que se suelen prodigar bien poco. El dúo tan sólo ofrecerá ocho conciertos around the world. Uno de ellos es para Summercase.



vie/14 jul '06