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• El ruido y la suciedad que genera una chatarrería de la calle de Villarroel provocan las quejas de los vecinos del barrio
• El ayuntamiento asegura que la actividad es legalAlex Martín
El PeriódicoSábado, 22 julio '06
Un estridente martilleo metálico. Ese es el ruido con el que se despiertan, cada mañana a las ocho en punto, los vecinos del cruce de las calles de Villarroel y Floridablanca, en el barrio de Sant Antoni. A esa hora abre sus puertas Quatermass Negocios SL, la chatarrería ubicada en el número 30 de la calle Villarroel, y desde ese momento empieza a sonar una desagradable banda sonora en el barrio.
Los golpes, martillazos y chasquidos de chapa, que repiquetean sin descanso todos los días laborables desde hace más de un año en los oídos de los vecinos, proceden de la carga de un camión de gran tonelaje que la empresa utiliza como almacén.
El vehículo permanece estacionado en la zona de carga y descarga durante más de 11 horas diarias. Pasadas las siete de la tarde, el camión traslada fuera de la ciudad los metales adquiridos a lo largo del día y su lugar lo ocupa, hasta la mañana siguiente, una furgoneta de la empresa.
Colas en las aceras
A pesar de que el tiempo máximo permitido para esta actividad es de 30 minutos, la normativa municipal solo contempla una única sanción diaria para esta infracción. Al dueño de la chatarrería le resulta más rentable pagar la multa que alquilar un nuevo almacén.
"No se puede vivir, el ruido es insoportable y, ahora, en verano, ni siquiera podemos abrir las ventanas, --se queja Oriol Mas, uno de los vecinos afectados--. Hay tanta gente en la acera que tengo que salir de casa a empujones y abrirme paso entre la porquería", añade.
Los proveedores de chatarra, la mayoría extranjeros, a menudo se ven obligados a formar cola durante varias horas a las puertas del negocio mientras esperan su turno. Muchos, aprovechan entonces para comer, dormir o desguazar la chatarra en los chaflanes cercanos. Los despojos, con suerte, acaban colmando los contenedores de basura de la zona.
Procedencia dudosa
"Vivimos entre suciedad,-- explica Carme García, portavoz de la plataforma vecinal --. Y no solo eso, muchos clientes orinan y defecan en plena calle". Además, los vecinos también acusan a la empresa de fomentar actividades ilegales. "Hemos visto desguazar neveras, motores de coche y aparatos de aire acondicionado, --asegura García--, incluso han llegado a cortar las tuberías de gas y de agua de dos edificios cercanos para venderlas como chatarra".
Local ampliado
Antonio Adán, propietario del negocio de reciclaje, se defiende de estas acusaciones. "Si vemos algún material que nos parece dudoso no lo compramos",explica. "Además hemos ampliado el local para que los clientes no esperen en la calle", afirma Adán, pero admite que en ocasiones resulta difícil evitar las aglomeraciones.
El ayuntamiento, por su parte, insiste en que la empresa cumple totalmente con la legislación vigente. Pero tras las continuas quejas vecinales ha decidido intervenir en el asunto y ha triplicado los servicios de la limpieza en la zona.
Tanto a los vecinos como a los comerciantes del barrio la medida municipal les parece insuficiente, "El ayuntamiento nos está dando largas, --afirma Víctor Jiménez, uno de los empresarios afectados--, pero seguiremos peleando hasta que se resuelva el problema". Lo cierto es que algunos comerciantes ya se han visto obligados a traspasar sus negocios por la falta de clientes.
Por el momento, unos y otros se consuelan sabiendo que, cada tarde, cuando la chatarrería cierra sus puertas, el metal les concede unas horas de tregua y que, hasta las ocho de la mañana siguiente, no sonará de nuevo su despertador particular.