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• Cazas ultramodernos y aviones con chorros de humo de colores realizaron arriesgados ejercicios

• Los curiosos y bañistas que ocuparon las playas aplaudieron las piruetas que clausuraban la Mercè


Àngels Gallardo
El Periódico
Lunes, 01 octubre '07

Como si obedeciera al bolero Espérame en el cielo, corazón, que empezaba a sonar en los altavoces sincronizados de todas las playas de Barcelona, el Eurofighter, un elegante e imponente avión militar de caza de la industria aeroespacial europea, inició a media mañana de ayer su ensordecedor ascenso en vertical a 1.100 kilómetros por hora, rozando la barrera del sonido. Subió recto hacia arriba como una enorme jeringuilla gris. Alguien dijo que iba a pinchar al sol. Cuando bajó, saludando con un vaivén de alas como hacen los aviones de acrobacia, el variopinto público que presenciaba la pirueta se quitó la gorra y saludó al capitán Cancho que lo pilotaba.

El Eurofighter no fue la única estrella de la Festa del Cel, el broche de la Mercè. Las exhibiciones aéreas fueron presenciadas este año por más de 300.000 personas y 250 barcos, según el ayuntamiento. Un público de todas las edades que se apostó con toallas de playa, paraguas de lluvia o sombreritos de papel de periódico en la arena y las barandillas de todo el frente marítimo, de la Vila Olímpica al Fòrum.

NUDISTAS IMPASIBLES
Tal vez, las escenas más peculiares de esta matinal del Ejército del Aire las ofrecieron los impasibles bañistas habituales de la playa nudista de la Marbella: convencidos de que nadie los miraba o prescindiendo de quien sí lo hiciera, los hombres y mujeres partidarios de tener el cuerpo por completo bajo el sol fueron entrando y saliendo del agua, como siempre, ajenos a las decenas de personas que se apostaban a su alrededor cara al cielo, sin prestar atención al temblor de carnes que les causaba el retumbar de tan potentes naves.

Helicópteros entrenados para la acrobacia --la patrulla Aspa que forma a pilotos militares--, aviones comerciales que se esforzaron por ser artísticos, un poderoso Mirage 2000 francés o el peculiar Harrier --"el único avión que no depende de sus alas para volar"--, zumbaron sobre las frentes del público. Lo hicieron junto a la siempre triunfante patrulla Águila, siete aviones C101 sincronizados, arriesgados y estéticos que fueron, sin duda, el número más esperado por los niños que querían ver sus chorros de vapor coloreado: cuatribarrado al principio; rojo, amarillo y rojo al final.

Con excepción de la patrulla Breitling --siete aviones de acrobacia L39 Albatros, rescatados de la antigua flota aeronáutica checa--, del Mirage y de alguna nave comercial, todos los pilotos que colaboraron en la Festa del Cel son militares de las Fuerzas Armadas españolas. De ahí la entonación castrense con que se identificaron sus giros, bucles y piruetas.
El ascenso invertido (boca abajo) y vertical del Eurofighter, por ejemplo, una arriesgada y atronadora maniobra que parecía taladrar el cielo, llevó por nombre Arriba España. "En su desarrollo, la sangre del piloto se le va a la cabeza y puede tener una visión roja (sanguinolenta)", describió, contundente, el capitán Jaime León, de la base aérea de Morón (Sevilla), el narrador.

AMO A BARCELONA
El piloto Castor Fontoba, publicista experto en dibujar unos anuncios en el cielo algo pasados de moda, flotó en una breve aparición a bordo de su Sukhoi SU-26. Fue presentado como "el bolígrafo aéreo que se desplaza a 450 kilómetros por hora". Fontoba voló muy alto, trazó un corazón de humo y colocó a su lado las iniciales I y BCN. Obtenida la foto, desapareció.
El público lo aplaudió casi todo, confiando en que quienes los entretenían desde lo alto oyeran su agradecimiento. Esa misma aprobación recibieron los siete paracaidistas, exageradamente presentados como "los hombres pájaro", que fueron a caer al mar, con bandera verde, muy cerca de un restaurante marinero.