Historia de Barcelona |


El Ateneu Barcelonès (originariamente Ateneu Català) fue inaugurado oficialmente el 21 de mayo de 1860, con Joan Agell como Presidente y con el objetivo de promover la cultura catalana. Desde entonces, ha celebrado conferencias y exposiciones, ha organizado cursos y ha otorgado premios culturales, además de formar una biblioteca que, durante muchos años, fue la más importante de la ciudad.

En abril de 1872 se produjo la fusión entre el Ateneu Català y el Centro Mercantil Barcelonés, fusión que dio origen al propiamente llamado Ateneu Barcelonès.

La visita del rey Alfonso XII en 1877 provocó una fuerte polémica y causó la dimisión de muchos de sus socios que, paralelamente, crearon el Ateneo Libre de Cataluña. Aún así, esta segunda asociación tuvo que cerrar sus puertas cuatro años después de su apertura debido a problemas económicos.

En 1895, el prestigioso dramaturgo Ángel Guimerà se convierte en el presidente del Ateneu y propulsa la catalanización definitiva de la entidad. En este sentido, y aunque la institución agrupaba tendencias tanto conservadoras como liberales, en 1897 adopta el catalán como lengua oficial.

Bajo la presidencia de Lluís Domènech i Montaner, en 1906 el Ateneu, que hasta el momento estaba ubicado en un local de alquiler de La Rambla, se traslada al Palacio Savassona en la calle Canuda. Ésta es la localización que ha ocupado hasta la actualidad y que se ha convertido en un símbolo de la institución.

Aunque el posicionamiento de la entidad frente a los acontecimientos políticos de los años siguientes (la dictadura de Primo de Rivera, la República y la Guerra Civil) nunca quedó muy clara y aunque los ministerios franquistas mantuvieron las subvenciones, la época de la dictadura franquista fue el periodo más difícil de la historia del Ateneu. Resultó muy difícil mantener una programación cultural estable y la mediocridad intelectual imperó en la entidad.

Con la vuelta de la democracia, el Ateneu también experimentó un proceso de democratización a través de la aprobación de unos nuevos estatutos y de la celebración de elecciones.

En 1983 la Generalitat de Catalunya le otorgó la Creu de Sant Jordi y en 2007 el Ayuntamiento de Barcelona le concedió la Medalla de Oro al Mérito Cultural.