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El Palau de la Generalitat, ubicado en uno de los puntos más céntricos del
barrio Gótico y en el punto, sin duda, de mayor importancia institucional de la ciudad: la
Plaça Sant Jaume, es la sede del Gobierno de Cataluña.
En 1400, la Diputación del General (órgano de gobierno en ese tiempo) adquirió un inmueble en el barrio judío para instalar en él su sede. Poco a poco y bajo la dirección del arquitecto Marc Safont, se fue construyendo sobre este inmueble un nuevo edificio de estilo gótico. Asimismo, desde el siglo XVI se han sucedido las ampliaciones y transformaciones del palacio para adaptarlo a las necesidades que iban surgiendo.
Así, la fachada principal -obra de Pere Blai- el Pati dels Targongers y el Salón Dorado son de estilo renacentista.
En 1716, con el Decreto de Nueva Planta, se abolió la Diputación del General y el edificio fue ocupado por la Audiencia, que realizó varias reformas, como la ampliación de la capilla. Más tarde, en 1822, el palacio acogió también a la Diputación Provincial y, entre 1914 y 1925, a la
Mancomunidad de Cataluña, hechos que obligaron a reestructurarlo de nuevo.
De esta época datan, por ejemplo, las escaleras de honor, obra de Romà Prats i Montlló pero, sobretodo, destaca la restauración que el
modernista catalán Josep Puig i Cadafalch realizó durante la presidencia de Enric Prat de la Riba al frente de la Mancomunidad.
Después de una larga época sin cambios, en los años 70 se adquirieron más de un centenar de obras para decorar los distintos espacios del edificio. Entre ellas destacan piezas de
Antoni Clavé,
Joan Hernández Pijuan o
Antoni Tàpies.
Algunos de los espacios más emblemáticos del Palau de la Generalitat son la Capilla de Sant Jordi, obra de Marc Safont que embellece el patio medieval y el Pati dels Tarongers. Asimismo, cabe destacar también, el carrillón de 49 campanas y casi 5000 kilos, que fue inaugurado en 1976 y que permite interpretar todo tipo de composiciones musicales. De hecho, en dicho carrillón han actuado famosos concertistas de todo el mundo.