|
Aunque actualmente alberga una gran extensión dedicada al ocio y la cultura, el Port Vell es la parte más antigua del puerto de Barcelona. De hecho, la primera actividad portuaria desarrollada en esta zona data del siglo I, cuando Barcelona era todavía una colonia romana.
Durante la edad media, Barcelona se convirtió en puente comercial entre el mundo islámico del sur y el mundo cristiano del norte. Esta posición estratégica convirtió a la ciudad en la principal potencia marítima del Mediterráneo e impulsó la construcción de las
Reales Atarazanas.
El problema radicaba en que la ciudad no disponía de un puerto en sí y los barcos tenían que anclar entre las atarazanas y la ciudad, hecho que los hacía muy vulnerables a los temporales. Después de muchos proyectos fracasados (en la mayoría de los casos, debido a los temporales que arrasaban las obras), en 1477 se inició la construcción del primer muelle que se finalizó con éxito.
Con el objetivo de solucionar los problemas de calado que se repetían a lo largo de los años, durante el siglo XIX, se alargó el rompeolas y se construyó un segundo dique. Además, en 1868, se constituyó la
Junta de Obras del Puerto de Barcelona, que estuvo en funcionamiento durante más de un siglo.
En 1882 se terminó el primer muelle transversal donde, con la celebración de la
Exposición Internacional de 1929, se instaló la torre Jaume I del
transbordador aéreo hacia Montjuïc.
Durante el siglo XX, el puerto siguió creciendo en dirección al delta del Llobregat y en 1978 se convirtió en Puerto Autónomo de Barcelona. Ese mismo año, empezó el diseño de un Plan Estratégico que pretendía dividir el puerto en tres zonas: el puerto comercial, el puerto logísitco y lo que actualmente conocemos como Port Vell.
Este último se ha reconvertido por completo en los últimos años y, hoy en día, alberga el Maremagnum, una de las zonas lúdicas más importantes de la ciudad, así como otros equipamientos para el ocio de la ciudad, como el Imax Port Vell o l'Aquarium.