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El Puerto Olímpico de Barcelona fue construido en 1991 para dotar a la ciudad de un puerto deportivo y, especialmente, para dar cabida a las competiciones de vela de las Olimpiadas del 1992.
El diseño de este puerto, encargado a los arquitectos
Oriol Bohigas,
Josep Martorell,
David Mackay y Albert Puigdomènech, respondía también a la voluntad del
Ayuntamiento de Barcelona de convertir esa parte de la costa en una zona de recreo.
De hecho, el Port Olímpic se ha convertido en punto de referencia para el ocio, tanto para los propios barceloneses como, sobretodo, para los turistas, con una amplia gama de restaurantes y locales nocturnos, de los cuales destacan
Seda Lounge y
Kennedy Irish Sailing Club, muy buscado por los extranjeros.
Alberga también el edificio de La Capitanía y el Centro Nacional de Vela. Asimismo, constituye un símbolo de los cambios que sufrió el litoral de la capital catalana con la celebración de los Juegos Olímpicos.
Dos espectaculares torres (la
Torre Mapfre y el Hotel Arts) desarrollan el papel de entrada al puerto, que dispone, también, de playas en ambos lados.
La construcción del puerto, además, fue acompañada de la construcción de la llamada
Vila Olímpica, que tenía el objetivo inicial de funcionar como residencia de los deportistas participantes en las Olimpiadas y que, posteriormente, se convirtió en un barrio residencial.