|
La Muralla romana de Barcelona fue construida en el siglo IV y convirtió a Barcino en uno de los recintos fortificados más impresionantes de la Roma occidental. Defendió la ciudad durante más de 600 años y es posible que se deba a ella el hecho de que Barcelona sea la capital de Cataluña.
Su perímetro es de unos 1,350 metros, y sus 74 torres (la mayoría de ellas rectangulares) le valieron a Barcelona el nombre de la ciudad coronada. Estas torres, que eran dos pisos más altas que la muralla, disponían de ventanas en la parte superior a través de las que se usaban las máquinas de guerra romanas.
Contaba con 4 puertas, en los extremos del
cardo y el
decumanus, que se cruzaban en lo que hoy es la
Plaça Sant Jaume. Actualmente se conserva una de ellas en la calle de Regomir, muy cerca de la Catedral.
Lamentablemente, para poder observar la totalidad de la antigua muralla hoy en día, se tendrían que derribar decenas de edificios. Aún así, desde la
Via Laietana, concretamente desde la parte de atrás del edificio de correos, se puede observar un buen tramo, así como la entrada del acueducto de la ciudad. Además, poco a poso se están liberando tramos que quedaron encerrados entre viviendas medievales.