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Su escultura La ola puede observarse frente al MACBA
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Jorge Oteiza Embil, uno de los máximos representantes de la escultura española del siglo XX, nació en Orio (Guipúzcoa) el 21 de octubre de 1908, en el seno de una familia acomodada.

De niño, era sensible, introvertido y asustadizo. Entre 1914 y 1920, cursó el bachillerato en el Colegio del Sagrado Corazón de Donostia y, en 1921, se trasladó a estudiar a Navarra, donde su personalidad cambió y se volvió más extrovertido y sociable. En en estas circunstancias, trabó amistad con artistas de la talla del pintor Juan Cabanas y el músico Nicanor Zabaleta.

En 1927 se trasladó a Madrid y, a pesar de que empezó a interesarse por la arquitectura, terminó matriculándose en medicina. Un año más tarde, realizó sus primeras esculturas y, en 1929, abandonó la carrera para apuntarse a la Escuela de Artes y Oficios, después de que la asignatura de bioquímica despertara su vocación por la escultura. En esos años, sufrió una crisis religiosa, un acercamiento a las ideas políticas de izquierdas y la agudización de su conciencia identitaria vasca. Económicamente no fue la mejor época de su vida ya que, tras la marcha de su padre y su hermano mayor, tuvo que hacerse cargo de su madre y sus cinco hermanos menores, por lo que trabajó en varios lugares al mismo tiempo y terminó alimentándose gracias a la beneficencia.

En los años 30, empezó a frecuentar la vida artística de Donostia, con algunas exposiciones y la participación en concursos, como el de Artistas Noveles Guipuzcoanos, que ganó en 1931.

En 1935 se fue a Sudamérica, junto con su amigo el pintor Narkis de Balenciaga. Durante 15 años, viajó por Argentina, Chile, Colombia y Perú; fue profesor, fundó un teatro experimental en Santiago de Chile, se empapó de los movimientos artísticos de vanguardia como el cubismo y hasta se casó.

En 1948 regresó al País Vasco y se instaló en Bilbao. Intentó revivir el ímpetu artístico vasco de la República pero sólo encontró decepciones. Mientras, empezó a experimentar con el hueco y el volumen en sus obras y, dos años más tarde, se le adjudicó la estatuaria de la nueva basílica de Aránzazu, en Guipúzcoa. Su trabajo, sumamente heterodoxo vanguardista y, consiguientemente, polémico, provocó que la Comisión Pontificia paralizara la ejecución de las piezas, pero el proyecto se reanudó, en 1968 por orden del papa Pablo VI.

Su reconocimiento internacional llegó en 1957, cuando ganó el primer premio de escultura de la Bienal de Sao Paulo. En la década de los 60, se adentró en otras facetas, como la poesía, la arquitectura y la filosofía.

En 1988, la Fundación La Caixa y el Museo de Bellas Artes de Bilbao organizaron una gran exposición antológica de su obra. Durante los 90, desarrollo una actividad pública frenética, levantando fuertes polémicas en el País Vasco y en 1992 donó todos sus fondos artísticos al gobierno de Navarra.

Murió el 9 de abril de 2003 en San Sebastián a causa de una prolongada enfermedad respiratoria, pocos días antes de que se inaugurara en Alzuza (cerca de Navarra) el Museo Oteiza.

En Barcelona, s. Antes, en 1994, rechazó hacer una escultura para la ciudad y dejó escruta su decisión en la dura Oda a Barcelona.