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• Tiene capacidad para 4.375 viajeros y 1.360 tripulantes.

El Periódico
Patricia Castán
Jueves, 05 junio '08

Más allá de sus apabullantes dimensiones (339 metros de eslora); de su interminable repertorio de entretenimiento, restauración y servicios, y del confort de sus rutas por medio mundo, lo que desborda al Independence of the Seas es su humanidad en el sentido prosaico de la palabra. Porque nunca otro crucero ha cobijado a tantas almas. A saber: en ocupación doble caben 3.634 pasajeros (4.375, a plena capacidad), mientras que 1.360 tripulantes hacen que el megacrucero surque los mares sin apenas oscilar y que exhiba todas las comodidades de un gran hotel. Y la ciudad en movimiento por excelencia --es el mayor del mundo, junto a dos gemelos que navegan por el Caribe-- llegó ayer a Barcelona cinco semanas después de su inaguración, en medio de una gran expectación.

Ver descender a toda su efímera población es un espectáculo que se repite en los puertos que recorre en su singladura europea. Pero solo recala de noche en una ciudad: Barcelona. Sin prisas, los miles de ingleses a bordo (la ruta comenzó en Southampton) se desplegaron ayer por la ciudad. La directora en España de Royal Caribbean, Belén Wangüemert, asegura que la compañía no dudó en apostar por Barcelona por "el atractivo de la ciudad, la buena conexión de vuelos y la infraestructura portuaria". Para ellos, la capital catalana se ha convertido en "escala ineludible y de las que genera más satisfacción entre los viajeros".

Unos pasajeros que pueden gozar de 15 cubiertas, 14 ascensores, un sinfín de bares y restaurantes, tres piscinas, un teatro, un rocódromo, un simulador de olas para hacer surf, una pista de patinaje de hielo, campo de minigolf y todo lo imaginable. Lo sorprendente de este titanic de última generación es que orientarse en su interior es fácil, gracias al bulevar comercial de 135 metros en el puente cinco, al que asoman los camarotes interiores.

Para quienes no confían en exceso en el medio marítimo, el capitán Hernan Zini despliega un rosario de argumentos de tanto peso como sus 160.000 toneladas: "Tiene dos salas de máquinas y sistemas compartimentados que garantizan que aunque hubiera daños en una parte seguiría habiendo control del barco". El marino argentino certifica que el barco es "muy manejable", gracias a sus cuatro propulsores de popa, que lo pueden desplazar lateralmente a seis kilómetros por hora, "o contenerlo con vientos de 40 nudos de costado". Para que se quedara sin electricidad o propulsión haría falta una cadena de fallos múltiples casi imposibles..

Quienes se asomen hoy por el muelle Adossat verán que es más largo que tres campos de fútbol o que la Torre Eiffel. Y que hacen falta camiones para llenar su estómago: traga 60.000 kilos de fruta y verdura por semana, y 22.000 latas y botellas. Y nunca duerme.

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