Comercio | Prensa | Turismo |


• Los comerciantes afectados piden una prórroga o una nueva ubicación para no perder el trabajo

• El ayuntamiento, que quiere reordenar el espacio público, alega que pactó la eliminación en el 2004


Patricia Castán
El Periódico
Sábado, 07 junio '08

El 2009 no solo será el de la recta final de la Sagrada Família, sino también el de la extinción de los tradicionales puestos de artesanía y/o suvenires del entorno del templo. El ayuntamiento no renovará las licencias a los comerciantes que durante más de dos décadas, en algunos casos, han montado su chiringuito al pie del templo. El objetivo es reordenar y despejar el espacio público, pero los afectados reivindican una prórroga o una ubicación alternativa para no irse derechos al paro, debido a su edad, mayoritariamente entre los 43 y los 55 años. En los próximos días se reunirán con responsables del Eixample para buscar solución al conflicto.
La eliminación de los chiringuitos viene a ser la crónica de una muerte anunciada. El ayuntamiento se marcó hace años el objetivo de despejar la zona, tomada por las actividades turísticas. De hecho, en junio del 2004 anunció un plazo de cinco años para finiquitar las paradas y llegó a un acuerdo con los comerciantes para que cada año se abriese un día menos. Así, si el 2004 funcionaban de martes a domingo, desde el 2007 solo abren de viernes a domingo, de 9.00 a 21.00 horas.

Fuentes municipales indican que ha habido reuniones para la reubicación, sin resultado. Los comerciantes sostienen que no se les han hecho propuestas en firme, más que un par de paradas en el mercado municipal, donde posiblemente su mercancía no cuajaría.

OBLIGADOS
Algunos afectados manifestaron ayer que en el 2004 se vieron obligados a firmar ante el riesgo de que les cerrasen fulminantemente el negocio. Los que más se resistieron fueron visitados por los inspectores municipales y al final lo acataron para ganar tiempo, sostienen.

Desde entonces, han ido renovando licencias semestrales, pero con el fin del 2008 el acuerdo tocará a su fin y los vendedores tendrán que hacer las maletas. Preocupados por su futuro, los vendedores acudieron al pleno del distrito del pasado miércoles a reclamar soluciones. Su portavoz, Bruno, cuyo negocio está al pie de la Sagrada Família desde hace un cuarto de siglo, reclamó soluciones para evitar que 17 familias que sobreviven gracias a los 14 puestos repartidos entre la plaza de la Sagrada Família y la de Gaudí se queden sin ingresos. "Hay gente de entre 40 y 55 años que se quedará en situación de desamparo", dijo. Los afectados incluyen varios catalanes, tres iranís y un par de suramericanos.

Kamal, un iraní de 47 años, lleva dos décadas en su puesto. "Con tres días abierto ya es muy justo para vivir", se lamenta. Asegura que no logra encontrar otro empleo, "ni siquiera en faenas de almacén o en la construcción". Se pregunta por qué no les echaron hace años, cuando aún estaban a tiempo de incorporarse al mercado laboral. Una vendedora local, Rosario, lo tiene claro: "No tengo ningún plan a los 61 años". Tampoco su marido y su hijo, que trabajan en el puesto familiar. Otro iraní afincado en Barcelona, Bahman, afirma que trabajar en la calle es duro, pero hace 20 años, cuando eligió esta opción, nadie le dijo que allí no tendría futuro.