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Cada vez son más los visitantes que aprovechan su estancia veraniega en Barcelona para participar en actividades docentes

Luis Benvenuty
La Vanguardia
Martes, 22 julio '08

La islandesa Thordis Fjolnisdottir y la estadounidense Hannah Strassburger disfrutan todas las noches de la fiesta barcelonesa hasta bien entrada la madrugada y cada mañana se quitan de encima las legañas para salir al jardín de la escuela de idiomas Camino a Barcelona, en el corazón del Eixample, y recibir un curso intensivo de castellano a la sombra de la verde vegetación, cuatro o cinco horas diarias amenizadas con excursiones a la Sagrada Família y la casa Batlló, clases de cocina y baile, visitas al Museu Picasso y al Poble Espanyol...

"Esta es la mejor manera de viajar - coinciden la islandesa y la californiana-, si vas por tu cuenta a un hotel, en verdad no te enteras de nada. De este modo puedes hacerte una idea del modo de vida y la cultura locales. Y como mientras tanto aprendes castellano, más dispuestos están tus padres a pagarte las vacaciones".

Thordis y Hannah son turistas académicas, gente que aprovecha el verano para participar en actividades docentes, gente deseosa de conocer en profundidad la capital catalana, gente cada vez más numerosa... Y es que no todos los visitantes de estas fechas están interesados únicamente en la sangría y los inextinguibles y descomunales sombreros mexicanos. Cada vez son más los que quieren saber más. La inmensa mayoría son jóvenes estudiantes de idiomas, pero no faltan científicos, astronautas, maestros, artistas y profesionales de todas las edades atraídos por el creciente número de actividades académicas que por estas fechas acoge Barcelona.

Con todo, ninguna institución se ha preocupado de cuantificar el emergente fenómeno de una manera global. Thordis y Hannah también dicen que lo que más les gusta de la ciudad son las discotecas y la playa. "Y las tiendas del barrio del Born". Ambas tienen dieciocho años. Están pasando todo el verano conviviendo con familias catalanas. Ya dormirán durante el otoño.

"Ya conocí a mi familia catalana el verano pasado - apunta Thordis-, y nos llevamos también que decidimos repetir. De este modo ya he viajado por media Europa dejando amigos por todas partes". Su compañera de academia Anika Kratzenberg, alemana de dieciséis años, ha preferido ir a un apartamento compartido con otros estudiantes facilitado por la escuela. Las clases y el alojamiento le cuestan menos de cuatrocientos euros por semana.

"Está siendo una experiencia fantástica - dice la joven germana con decidido entusiasmo-, es la primera vez en mi vida que puedo disfrutar de la independencia, viajar por el mundo sin mis padres, aunque sea sólo durante tres semanas, y conocer personas procedentes de medio planeta. Barcelona no es una ciudad demasiado limpia, pero me encanta su gente, me encanta poder entablar una conversación en la calle con cualquiera a pesar de no conocerlo de nada. Yo quiero estudiar Medicina, y Barcelona me está gustando tanto que no me importaría en el futuro hacer algún curso aquí".

Los encantos estivales de Barcelona son todo un atractivo cebo, una primera y prometedora toma de contacto para atraer en el futuro a gente con talento. "Los coches van muy deprisa, pero en realidad en Barcelona hay más cosas agradables que desagradables - tercia la islandesa-. Todas queremos volver. Estaría muy bien matricularse en una universidad y vivir en Barcelona todo un curso".

"Nuestra escuela funciona durante todo el año, pero las puntas que más destacan se dan en julio y agosto - explica Jordi Viadas, director de Camino Barcelona-. Somos un sector docente muy vinculado al turismo en crecimiento desde finales de los años noventa, pero el incremento más notable se viene produciendo desde hace un par de veranos. Cada semana de julio y agosto recibimos alrededor de 160 alumnos, la mayoría entorno a los veinte años, un poco más jóvenes que los clientes de invierno".

"Vienen principalmente del Reino Unido, Francia, Italia, Alemania...- prosigue Viadas-, ahora comienzan a llegar de los países de Europa del este, y también está creciendo mucho el número de rusos, australianos, japoneses, chinos. Son personas que buscan una experiencia global. Quieren aprender idiomas y conocer las culturas catalanas y españolas. Pero son muy jóvenes, y también quieren pasarlo bien. Por ello las clases tienen que ser muy participativas y combinarse con multitud de actividades lúdicas".

De las características de Camino Barcelona, coinciden varias fuentes del sector, se cuentan en la capital catalana media docena de academias turísticas. "No obstante - añade Albert Roquet, gerente de BCN Languages, escuela cuyas cuatro sucursales sumarán en julio y agosto un millar de estudiantes foráneos-, uno de los síntomas de este auge es la proliferación de multitud de pequeñas academias que, en gran parte, desaparecen tras el verano".

"En los últimos años el crecimiento del tirón de la marca internacional de Barcelona y su fama de ciudad cosmopolita ha sido espectacular - añade Roquet-. Cada vez hay más gente que la quiere conocer en profundidad, no del modo turístico convencional. Tienen interés en su cultura. Por ello el bilingüismo no les supone ningún problema. Ningún estudiante se ha quejado porque en Barcelona se hable castellano y, además, catalán".

Fuentes del Centro de Estudios Hispánicos de la Universitat de Barcelona explican que la ciudad se está convirtiendo en un destino preferente de estudiantes asiáticos y americanos. Los chinos requieren muchas semanas de inmersión antes de comenzar el curso, y llegan por estas fechas. "Además - señalan las fuentes-, la Universitat de Barcelona es la mayor receptora de toda España de estudiantes Sócrates y Erasmus. No influye de forma negativa que algunas enseñanzas se impartan sólo en catalán".

Únicamente la escuela oficial de idiomas de Drassanes oferta dieciséis cursos de verano de castellano con veinte plazas cada uno, y cinco de catalán. "Desde 1992 tenemos que dejar gente en la calle sin matricular", dice el director Terenci Simón.

Al auge del turismo académico también se están subiendo las instituciones públicas. De hecho, este verano, la Universitat de Barcelona ha diseñado a modo de prueba piloto una serie de cursos de verano pensados para atraer ciudadanos extranjeros ya interesados por los colores de estas latitudes.

Son cursos de veinte horas sobre la relación de Barcelona y el diseño, Barcelona y Picasso y, el tercero, sobre biomedicina. "Barcelona concentra siete universidades, centros de investigación, prestigiosas escuelas de negocios - explica Albert Montull, gerente del Barcelona Centre Universitari, un consorcio formado por el Ayuntamiento, la Generalitat y las principales universidades catalanas-. La actividad docente no se detiene en verano y no se reduce a las escuelas de idiomas. La formación es cada vez más importante. No hay tiempo que perder. De modo que la ciudad concentra por estas fechas profesionales de muy distinto perfil, desde astronautas de todo el mundo que asisten a la Universidad Internacional del Espacio hasta maestros de primaria que acuden a los cursos de reciclaje profesional de la escuela de verano de Rosa Sensat, pasando por los del Euroscience Open Forum Esof 2008. Estos eventos son además un importante mecanismo de atracción de talentos. Sus participantes entran en contacto con la ciudad por primera vez, se dejan seducir, y se plantean seguir sus investigaciones, trabajos y estudios en Barcelona. Y además acaban promocionando la ciudad allá donde vayan mediante el boca a boca".