Prensa | Turismo |


El turismo, una de las fuentes de riqueza de la capital catalana, se plantea cómo mantener viva la gallina de los huevos del oro

Ramon Suñé
La Vanguardia
Jueves, 24 julio '08

Después de casi dos décadas triunfantes, Barcelona ha puesto en marcha una profunda reflexión sobre su modelo turístico. El alcalde Jordi Hereu y los representantes del sector, integrados en el consorcio Turisme de Barcelona, dieron ayer el pistoletazo de salida al plan estratégico 2010-2015, que ha de marcar las pautas para que la capital catalana capee posibles crisis venideras, evite que una de sus industrias más potentes acabe muriéndose de éxito y obre el milagro de congeniar los intereses de quienes aspiran a seguir haciendo negocio y de un número cada vez mayor de barceloneses que se sienten meros decorados o sufridores de un parque temático.

Seguir leyendo noticia

El plan estratégico del turismo, cuya coordinación ha sido encargada al ex concejal Enric Truñó, efectuará hasta julio del 2009 un diagnóstico del momento actual de esta actividad en la ciudad. Entre septiembre del 2009 y junio del 2010 fijará el modelo de turismo de Barcelona para la próxima década, las líneas estratégicas y el plan de actuaciones. El propósito, según insistieron el alcalde Hereu y el director general de Turisme de Barcelona, Pere Duran, es que las medidas que se adopten al final del proceso sean asumibles por todas las partes, no sólo por los miles de personas que viven de la actividad turística, sino también por los vecinos que padecen sus consecuencias. "En el debate del plan estratégico podrán participar todos los que quieran hacerlo, sin restricciones", aseguró Truñó. "Seguro que los vecinos serán tenidos en cuenta", sentenció Hereu.

El alcalde dejó claro que, a la hora de elegir entre cantidad y calidad, Barcelona se decantará por el segundo de los conceptos, aunque apuntó que en algunas ocasiones ambos son compatibles. El presidente ejecutivo de Turisme de Barcelona, el hotelero Joan Gaspart, negó que este sector de la ciudad esté entrando en una crisis como la que ya se está notando en otras actividades económicas. En el primer semestre de este año se ha registrado un ligerísimo descenso del número de visitantes, todavía poco significativo, pero ha aumentado, y de forma muy considerable, el gasto que los turistas efectúan en la ciudad con sus tarjetas de crédito.

Pere Duran vaticinó que en los próximos tiempos Barcelona no mantendrá los niveles de crecimiento anual - por encima de los dos dígitos- de estos quince años prodigiosos, y que la tendencia será de crecimientos mucho más modestos, de entre el 3% y el 5% de media. En cualquier caso, el plan estratégico del turismo arranca sin marcarse un límite en el número de visitantes que Barcelona puede absorber para cumplir el criterio de "sostenibilidad" que dice querer imponer el Ayuntamiento.

La oferta hotelera, que se ha duplicado en los quince años de funcionamiento de Turisme de Barcelona, seguirá creciendo: sólo en el distrito de Ciutat Vella están en construcción o en tramitación urbanística una veintena de hoteles, todos ellos de más de tres estrellas. Y la elaboración de este plan estratégico no supondrá en absoluto una congelación de nuevas licencias, tal y como confirmó ayer el alcalde. En definitiva, mientras decide qué hacer con su turismo, Barcelona seguirá ampliando esa oferta hotelera que ha contribuido a situarla entre las cinco primeras ciudades de Europa en número de visitantes y de pernoctaciones.

Uno de los deseos del Ayuntamiento de Barcelona es aliviar la presión que la actividad turística ejerce sobre Ciutat Vella, motivo de numerosas quejas no sólo de los vecinos, sino incluso de la concejal Itziar González, que el próximo año afrontará una revisión del plan de usos de un distrito que ya ha ido adoptando medidas - como la persecución de los apartamentos turísticos que incumplen la norma- pensadas para el residente.

La apuesta por dispersar la oferta turística para descongestionar así el centro parece intachable, aunque está por ver si las dinámicas del mercado y el lógico comportamiento de los propios turistas, que difícilmente cambiarán la Barcelona imprescindible por un tour por Nou Barris o Sant Andreu, permitirá elevar las buenas intenciones a la categoría de realidades.