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Escritor y pensador, Bashkim Shehu nació en plena dictadura comunista. El régimen totalitario de Enver Hoxha persiguió a su familia, como a la mayoría de los artistas e intelectuales albaneses: su padre fue asesinado, un de sus hermanos se suicidó en la cárcel, su madre murió tras siete años de cautiverio y él mismo estuvo preso durante una década.
Llegó a Barcelona el '97 y actualmente colabora activamente en la cultura de la ciudad como asesor del CCCB para Europa del Este. Recientemente expuso Tiran(í)a en el mismo CCCB, donde abordaba la perversa influencia del totalitarismo albanés en el arte.
Como uno de los responsables de la trienal Barcelona Art Report, organizó el año pasado Món i experiències (“Mundo y Experiencias”), donde actuó como director y moderador de la serie de debates alrededor la globalización, la inmigración y la creación artística.
De sus libros publicados, "Confesión junto a una tumba vacía" (Península) y "L'últim viatge d’Ago Ymeri" (Meteora) están traducidos en España, en castellano y catalán. Bashkim es frontal y no teme decir lo que piensa. Aunque haya pasado por el infierno, sigue creyendo en el diálogo como elemento de evolución humana.Unos dicen que la globalización es una amenaza para las culturas más pequeñas, pero tu defiendes que ella aporta riqueza a la cultura. Explícanos.El fenómeno de la globalización es algo complejo y no veo como algo que borre las diferencias. No, a través del contacto entre diferentes países se crean nuevas combinaciones. Un de los científicos más prestigiosos del tema, el Arjun Appadurai, habla de la "indigenización": con la globalización se cogen elementos de otros contextos, desde otros países u otros continentes, que se ponen en un contexto local y lo transforman. La apertura y el contacto es algo bueno, que da oportunidad a nuevas mezclas. Lo que sí me parece una amenaza a la cultura es la comercialización. Pero esta no es sólo global, también pasa a nivel local, que pasa con los productos culturales locales, que no tienen por que ser mejores que los exteriores. No es la misma cosa globalización que comercialización.
Los recientes acntecimientos internacionales legitiman la tesis de Hungtington sobre el conflicto civilizacional ("Clash of Civilizations"). Tu tienes una perspectiva propia sobre el tema..No estoy nada de acuerdo con lo de Hungtington, que además de ser superficial, detrás de la cual está una agenda política que no puedo compartir. Él habla de civilizaciones, pero la idea es la de “civilización y la barbarie”; y luego es confuso, porque no tiene una definición de civilización. Además, el propio concepto en el contexto de las ciencias sociales se ha desvalorizado, es un concepto de principios del siglo XX.
Mi idea es la del diálogo entre las diferentes corrientes culturales, que no las veo identificadas con países, o religiones o naciones. El mapa mundi cultural es mucho más complejo, aunque hayan rasgos específicos de ciertas regiones dentro de estados o más amplias que estados. Defiendo una dialéctica entre las distintas culturas. Las propias diferencias entre cada una de ellas pueden confluir, mezclarse y crear nuevas culturas. Y es lo que siempre ha ocurrido, en especial en la modernidad, en los últimos dos siglos.
De los debates Món i experiències sobre la globalización, que organizaste el '01 no hubo representación de los llamados movimientos antiglobalización. ¿Por qué? ¿Porque tendría que invitarles? Nosotros hemos seleccionado personas que tienen opiniones distintas y puntos de vista diferentes sobre este proceso. ¿Pero porque tendrían que ser militantes, con el carné? Allí se afrontaron diferentes perspectivas y el criterio fue lo del punto de vista intelectual y no lo de la militancia.
Los movimientos antiglobalización apuntan a problemas que son reales, pero no aportan nuevas ideas, no añaden nada a lo que dijeron Franz Fanon o Andre Gunder Frank en los años cincuenta. Lo nuevo en este movimiento es la forma de organizarse, de actuar: una vez se reúnen en Australia, otra en Porto Alegre. Lo nuevo es lo que procede de la tecnología, la manera como pueden comunicar en la era de Internet, eso es lo único nuevo.
Vivir en Albania fue una experiencia dura para ti. ¿Como explicas que en los 80's existían todavía dictaduras en Europa?En mitad de Europa existían regimenes dictatoriales que procedían de la división de Europa por las potencias ganadoras de la Guerra y eso persistió varias décadas hasta que se juntaron condiciones que se derrumbara el sistema, hasta que "se acabó la gasolina". Pero ojo, hasta '89 nadie pensaba que aquello se iría derrumbar. La gente pensaba que la cosa iba a seguir así algunas décadas más.
En Tiran(í)a enseñas la brutalidad del régimen de Hoxha. ¿Qué influencia tuvo el totalitarismo en la cultura de tu país?Dificultó muchísimo los contactos con la cultura exterior y creó una visión albanocentrista en la mente de la gente, por ser un país muy aislado. Por otra parte, creó una intelectualidad sumisa. Sin embargo hubo cambios en el camino de la modernidad, como la escolarización o la urbanización del país, aunque de manera muy deformada, pero que creó el potencial necesario para el cambio.
Eres un extranjero que vino como refugiado. ¿Por qué Barcelona?En mi país había una situación de crisis y de violencia a grande escala en Albania. Se me presentaran dos propuestas por el Colegio de Escritores, que me ofrecía dos posibilidades: Austria o Barcelona. Elegí la segunda, porque es una gran ciudad, y encima es Mediterráneo.
Barcelona está en proceso de apertura y de visibilidad cultural internacional.
¿Qué punto harías de la actual situación cultural de la ciudad?Creo que Barcelona sufre los mismos problemas que hay en casa toda España, de no ser muy europea en el sentido que mira hacía mucho las excolonias y no tanto a Europa. Mirando desde del Este, me parece que hay un profundo desconocimiento de esta región, derivado del pasado político de España y de lo que representaba la Unión Soviética para la parte antifranquista de la sociedad, y me parece que no hay una reflexión. Creo que en el corazón de muchos españoles de izquierdas están en el otro lado del “cordón de acero”. Hay casi como una inhibición de mirar a hacía allí sin prejuicios. También pasa lo mismo relación hacía África o Asia. Eso crea limitaciones.
Sólo con el diálogo las generaciones jóvenes son sujeto de cambio, que buscan su propia identidad generacional y buscan su propia forma de hacer cosas de manera distinta.
¿El Forum de las Culturas '04, puede ayudar en ese sentido?Si no tiene éxito, no será por falta de capacidad y de potencial cultural. Las personas con ideas están aquí, en Barcelona. Los medios prácticos existen. Si no hay líos burocráticos, puede ser un evento muy interesante para Barcelona y su proyección internacional.
Tu eres escritor y en España solo tienes dos libros. ¿Tienes planes para lanzar o traducir algún otro trabajo? Yo no escribo pensando especialmente en ningún público. El lector para mí es el grande desconocido. Es como un personaje oculto construido por la imaginación. Espero que se publiquen más obras. Hay interés de algunas editoriales, sobre textos míos. Si los publicarán ahora o luego, eso ya no sé te contestar.
Ricardo Nuno ::
Barcelona, mayo del '02