La música, a cargo de Los Losada, estuvo inmejorable
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Mejor de lo que dijo la crítica
Las Mil y Una Noches

El musical flamenco se despidió de Barcelona con la pena de no haber tenido el público que esperaba, pero con el visto bueno de los que lo presenciaron

El estreno mundial de Las Mil y Una Noches se despidió ayer de Barcelona con un sabor agridulce, una semana antes de lo inicialmente previsto. La exigente crítica de los expertos de la prensa no perdonó la falta de detalle en la concepción de este espectáculo musical producido por el experimentado Tito Losada, con coreografía del reputadísimo bailaor Antonio Canales y dirección escénica del cineasta colombiano Sergio Cabrera.

La llamaron de "fast food del flamenco", de "mil y una pesadillas" y acusaron el espectáculo de "kitsch" y "naïf". No hubo contemplaciones. Desde ciertos medios hubo incluso mala leche.

La tarea tampoco se presentaba fácil. Reproducir en espectáculo de flamenco a una de las más importantes obras literarias medievales árabes en los días de hoy, exige creatividad y un sentido estético apurado. Y eso es natural que se exija. Pero tampoco se puede olvidar que lo esencial de esta obra eran los componentes musicales y de danza, y en ese punto, pocos reparos hay que hacer.

La música, a cargo de los hermanos Losada, estuvo inmejorable, y la actuación de los bailaores y bailaoras fue muy empeñada. Los chicos y chicas dejaron toda la garra y pasión que se exige a un/a buen/a bailarín/a de flamenco. Gente muy joven y con muchas ganas de querer triunfar. Todos (o casi todos), mostraron que tienen mucho futuro por delante.

Sin embargo no todo estuvo bien. Un par de reparos: la indumentaria no estuvo dentro de lo que requiere un espectáculo de flamenco. El realce de las formas del cuerpo femenino –y todas ellas estaban guapas- quedó secundado por unos vestidos demasiado anchos y de colores inoportunos, más de acuerdo con un desfile de pasarela que de un espectáculo escénico; algunos pequeños fallos técnicos en el sonido, iluminación y proyecciones deberían ser revisados; y por último la narrativa. Si no se conoce los cuentos de la obra, uno acaba por perderse, porque algunos están narrados y otros no.

Pero cuando hablamos de una obra de gran envergadura, con más de 30 artistas en escenario, la falta de estos detalles no borra ni esconde lo más importante de un espectáculo musical: la determinación de los 5 bailadoes y 10 bailaoras, y el gran profesionalismo de la decena y media de músicos, que proporcionaron muy buenos momentos musicales y escénicos a los que asistieron a la obra.

Fue un estreno al cual faltó público a causa de una mala campaña de promoción y una crítica implacable y cruel.

El espectáculo dejó el Teatro Novedades ayer y sigue para Madrid, donde seguramente revisara aquellos detalles. Pretende recurrir Europa, EEUU y Japón.

Lo cierto es que al público barcelonés le gustó la obra. Ayer, en la última actuación de los artistas, casi no les dejó salir del escenario. Les aplaudió de pié de forma muy entusiasta, durante unos diez minutos, participando de la música, mientras todo el equipo se despidida con algunos pases improvisados. Nos dejó el sentimiento de esperanza de poder volver a verlos en nuestra ciudad.



Ricardo Nuno :.
Martes, 25 julio '02




Las bailaoras pusieron toda la garra y pasión en el escenario