|
|
Manuel Vázquez Montalbán, conocido sobretodo por su personaje de apellido gallego "O Carvalho" (de donde procedía su familia), nació en el Barrio Chino de Barcelona el 27 de julio de 1939. Aquel día su padre se encontraba exiliado en Francia por "rojo" y cuando regresó para verle fue encarcelado.
Lo mismo le pasó a él 23 años más tarde: en 1962 fue condenado a tres años de prisión por sus ideas y actividades antifascistas. Cumplió uno y medio en la cárcel de Lleida. Nunca abjuró de sus ideas. Entonces estaba vinculado al PSUC y hasta el día de su muerte lo estuvo a Iniciativa per Catalunya - Verds, partido del que fue fundador. En estos tiempos, en los cuales ser comunista no da precisamente mucho glamour, se definía postcomunista y, más concretamente "marxista, tendencia Groucho"¡!.
En la prisión de Lérida escribió poemas y su primer libro, "Informe sobre la información", un análisis lúcido sobre los medios de comunicación capitalistas, que se ha convertido en un manual para periodistas. A partir de esta publicación, practicó una hiperactividad profesional característica: era capaz de escribir varios libros a la vez sin abandonar sus colaboraciones con la prensa, prólogos, conferencias,... Podía llegar a publicar hasta tres o cuatro libros en un año. Ensayos sobre gastronomía como la "Historia de la Cocina catalana", biografías (de Franco, el Papa o Fidel Castro), artículos irónicos y apasionados sobre el Barça,... Su vasto horizonte de conocimientos le permitía hablar y juzgar con rigor sobre la mayoría de asuntos latentes. El escritor catalán tenía una red de internet propia en su cerebro.
Carvalho apareció por primera vez en una novela experimental de 1972, "Yo maté a Kennedy". Aún así, y según contó él mismo, el personaje nació en toda su complejidad más tarde en una conversación de sobremesa:
"Hablábamos de la pesadez de la literatura española, donde los personajes tardan 30 páginas en subir una escalera, que había que volver a los guardias y ladrones, y llegamos, en el límite etílico, a una apuesta de la que nació Tatuaje (1974)".
A estas dos le siguieron 19 novelas que han hecho del autor una celebridad a nivel mundial. Pero también la ciudad de Barcelona se ha servido de la publicidad de estas novelas. A pesar de eso, él se definía como poeta, género en el que cabe destacar "Memoria y deseo", obra que reúne toda su poesía escrita entre 1963 y 1990.
También de 1990 es "Galíndez", novela llevada al cine en 2003 y protagonizada por Eduard Fernández y Harvey Keitel que gira entorno del político vasco Jesús de Galíndez. Este político, exiliado en Estados Unidos en 1956, fue secuestrado, torturado y asesinado por orden del dictador Trujillo, de la República Dominicana. Por este libro recibió el Premio Nacional 1991 y el Premio Literario Europeo 1992. Además de varios premios en diferentes países europeos, en 1996 se le concedió el Nacional de las Letras por el conjunto de su obra, que ha sido traducida a 24 idiomas.
Aunque en una ocasión afirmó que nunca había cruzado la Gran Vía hasta que empezó a estudiar Filosofía y Letras en la
Universitat de Barcelona, fue un gran viajante toda su vida y la muerte le sorprendió en las antípodas. Murió el 18 de octubre de 2003 de un infarto en el aeropuerto de una ciudad donde se desarrolla una de las novelas de Carvalho: "Los pájaros de Bangkok", su preferida juntamente con "La Rosa de Alejandría".
En 2004 saldrá, en dos tomos, la última de la serie, "Milenio". En una de sus frases el narrador dice: “Bangkok tuvo mucha importancia en Carvalho”.
También póstumamente aparecerá en noviembre "La aznaridad. Por el imperio hacia Dios o por Dios hacia el imperio", sobre el individuo que ocupa el cargo de presidente del gobierno español y cuya publicación será una impaciente y larga espera. En el prólogo al libro "Elogis desmesurats" (los artículos que publicó en el Avui), Manolo Vázquez (como lo llamaban sus amigos) define así la ironía, su arma más poderosa:
"La ironía no es nada más que la constatación sentimental del fracaso de la razón, y ya estamos con lo mismo de siempre, porque siempre se puede suscribir, sigle tras siglo siglo, día tras día, minuto tras minuto, la queja desmesurada de Dürrenmatt: «¡Qué tiempos éstos, en los que es necesario luchar por las cosas evidentes!»".
En 1994 le habían realizado una delicada operación quirúrgica de "fontanería cardíaca" en la que le implantaron cuatro bypass. Aún así no dejó su ritmo frenético de trabajo. En una ocasión le preguntaron porque trabajaba tanto y él respondió: "No me queda demasiado tiempo y tengo una cierta ansiedad. Quisiera darle un buen destino a Carvalho". Ahora sabemos que lo tendrá; Carvalho no va a morir nunca.
Joan Pla i Vivoles