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Se huele en el ambiente, ya ha empezado una nueva edición del Salón del Manga, este año cubriendo totalmente la capacidad del recinto ferial de la Farga de l’Hospitalet, 8000 metros cuadrados, que se dice rápido.

Para quién no haya asistido nunca un par de premisas: puede sorprender y enganchar, o puede sorprender y desquiciar. Normalmente no suele haber términos medios. Tampoco en la “fauna” que pasa por el evento: curiosos o “utakus” (fans del cómic japonés). Los primeros se preguntarán qué tipo de personas son capaces de vestirse a lo colegiala, samurai o caballero, totalmente desconocedores del “famoso” concurso de disfraces. Los segundos ni se darán cuenta que hay alguien a su lado que no se ensimisma delante de una figurita de resina. Ni unos se tienen que alarmar por gritos de exaltación que emanan algunos individuos al abrir un cómic ni los otros deben molestarse en explicar lo inexplicable del hecho.

Una vez marcado el terreno cabe destacar algunas novedades del Salón, como un pequeño tesoro editado por Planeta de Agostini: “El lobo solitario y su cachorro”, un libro que ha influenciado a muchos genios europeos del cómic europeos, entre ellos Frank Miller. También caben destacar de Norma Editorial “.Hack” y “Rahxepon” volúmenes que tienen muchos números de conseguir un sitio entre los más vendidos. Pero en cada edición hay alguna pieza que resulta entre las demás. Auqneu es imposible de adivinar, puesto que hasta que las primeras colas de gente no se adentran entre los stands, no se empiezan a ver por dónde irán los tiros.

Sea como fuere, el Manga es todo un espectáculo, no por un simple hecho sino por la acumulación de factores: el colorido de sus seguidores, los dibujos atrevidos que cobran protagonismo en tres días, proyecciones, exposiciones, concursos de doblaje y de karaoke, talleres de maquetas y de cómic, etc. Un amalgama de actividades contiguas que abren una ventana a una de las subculturas con más fuerza en Barcelona.

¿Qué más hay detrás del manga? El anime, las series de televisión y los productos directamente importados, han hecho que la cultura japonesa haya dejado de ser esa gran desconocida.

Antes de la aparición en masa de restaurantes japoneses por toda la ciudad, ya había un sector de la población que iba más allá del sushi y el kimono, sí volvemos a hablar de los fans del Manga. Pero para aquellos que aún no se hayan adentrado en esta cultura del Pacífico, hay la oportunidad dentro del mismo salón. De la mano de la asociación cultural Wa Rei Ryu, que ofrece exposiciones de artesanía y demostraciones de la ceremonia del té o del arte de los samurais.


Laia Brufau Pla :.