El buen humor de Moses durante la entrevista a Barceloca
 
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Moses Pendleton nació y se crió en una granja de producción de leche situada al norte de Vermont, Estados Unidos, y su experiencia precoz en aparecer ante el público se remonta a la exposición de vacas Holstein Friesians en la Feria del Condado de Caledonia. Durante 30 años, ha sido uno de los coreógrafos y directores más innovadores y representados de toda América. En 1971 fue uno de los miembros fundadores del innovador grupo de danza “Pilobolus dance theatre” y formó su propia compañía, Momix, en 1980 de la que es el director artístico. Pendleton también ha trabajado ampliamente en el cine, la televisión y el mundo de la ópera, así como coreógrafo y eventos especiales. Pendleton y su compañía se encuentran en Barcelona presentando su más reciente espectáculo

¿Cómo surgió la idea de hacer Opus Cactus?
La idea fue mía, aunque en colaboración con el paisaje del desierto. Tenía un proyecto que hacer en Arizona, y pasé mucho tiempo merodeando por ese increíble desierto. Se trata de un paisaje muy inspirador, tanto por su magnetismo, su aire seco, su flora, su fauna… Siempre digo que es como un océano, aunque sin agua. Solía pasear por el desierto durante horas, escuchando música por los auriculares… Me impresionaron especialmente sus gigantes e increíbles cactus, ya que se trata de una planta mística y sagrada para los indígenas. Sentí una especie de magnetismo hacia esas formas, especialmente al atardecer. Y entonces pensé en que si pudiese plasmar esas formas y, de alguna manera, convertirlas en un proyecto de danza, podría convertirse en algo muy interesante.

¿Qué crees que la gente piensa cuando ve vuestro espectáculo?
En Momix no contamos ninguna historia en particular, somos una especie de teatro visual usando luces, cuerpos, imágenes extrañas, sonidos… Todo eso para crear impresiones que sean tan evocadoras y estimulantes como las que percibes en un museo en el que ves obras de arte. Los cuadros tampoco crean una historia entre ellos, sino que te provocan una impresión. Esperamos que sea eso lo que pasa, que la gente salga del teatro caminando con menos gravedad, por decirlo de alguna manera. Si eso ha sucedido, hemos conseguido lo que queríamos. Creo que la gente ve cosas que nunca antes habían visto, movimientos y formas increíbles hechas con los cuerpos. No son gimnastas, son bailarines que trabajan en interpretar papeles que no son humanos. Pienso que ver la conexión entre el cuerpo humano y algo que no es humano, es algo muy emocionante.

Si no sois estrictamente una compañía de teatro o de danza… ¿cómo podrías explicar qué es Momix exactamente?
Creo que es difícil de explicar [Risas]. Se trata de una especie de teatro físico, con un elemento de surrealismo. Antoni Gaudí y Salvador Dalí son algunas de nuestras influencias, en el sentido de plasmar elementos de la naturaleza. También intentamos hacer una visualización de los sueños mezclándolos con elementos de sensualidad, sexualidad… Es una mezcla de formas y conceptos que nos lleva al concepto final.

¿Qué papel juega entonces la música al desarrollar los espectáculos?
La música es una influencia enorme para mí. Es raro el día en el que no pase horas y horas escuchando música por los auriculares, es mi trabajo. También lo es caminar por los bosques durante horas, ya que ahí es donde se encuentra mi estudio. Fui a los Pirineos aprovechando que estoy en Barcelona, experimentando con diferentes tipos de música y pasando mucho tiempo buscando diferentes sonidos. En mi coche tengo una radio por satélite que capta unas cien emisoras de todo el mundo, y a veces suelo estar en mi coche durante horas sin conducir, sólo escuchando, tomando notas de mis impresiones al escuchar esos sonidos… En ‘Opus cactus’ hay diecinueve canciones de diferentes álbumes puestas juntas e intentando crear una única banda sonora. Podría ser casi un compositor.

¿Fue muy difícil escoger estas diecinueve canciones de entre todos los temas que habrás escuchado?
La verdad es que fue un reto. Lo fue en el sentido escoger estas diecinueve canciones y sobretodo intentar que tuvieran relación las unas con las otras para formar una única banda sonora. Una imagen puede influir muchísimo en el sonido, y eso fue lo que me pasó con Peter Gabriel. Él ha asistido a muchos de nuestros espectáculos, y en uno de ellos comprobó que escuchar su música asociada a unas ciertas imágenes le hacía percibir la música de una manera diferente. Esto es un ejemplo de cómo la imagen puede influir en el sonido, y viceversa.

¿Cuál es la principal diferencia entre vuestro anterior espectáculo, ‘Super Momix’, y ‘Opus Cactus’?
‘Super Momix’ son un conjunto de pequeñas piezas surrealistas conectadas entre ellas sólo por el elemento de la sorpresa, ya que nunca sabes qué vendrá luego. Siempre digo que ‘Super Momix’ es una especie de álbum, con una cara A y una cara B, y con diferentes atajos a cada una de las piezas que lo forman. Es un espectáculo muy popular, muchas cosas se reflejan en él. Creo que Momix no quedamos demasiado cansados de este espectáculo, y nos gustaría volverlo a traer a Barcelona, así como ‘Passion’ [otro de sus espectáculos, anterior a ‘Super Momix’]. Es importante para nosotros venir aquí y hacer más de un espectáculo, ver si podemos crearnos una audiencia y, una vez la tengamos, comprobar si desean volver a ver ‘Super Momix’ de nuevo. Ahora estoy trabajando en una pieza sobre béisbol y los deportes en general, y también en otra sobre la luna, de la que tengo unos veinticinco minutos.

¿Cuál fue el origen de Momix?
Durante los setenta estaba en el grupo de danza ‘Pilobolus Dance Theatre’ [fundado por él mismo en 1971] y empecé a hacer coreografías para las ceremonias de clausura de los Juegos Olímpicos de Invierno. Al mismo tiempo, tenía algunas piezas de danza para mí y otra mujer, Allison Chase. Con ella y un técnico comenzamos a actuar, haciendo solos y dúos. Nuestra première mundial fue en 1980 en el Teatro Nacional de Milán, y desde entonces comenzó Momix hasta ahora mismo, que cuenta con 32 personas y tres equipos de técnicos. Con el tiempo se ha ido convirtiendo en una gran compañía, partiendo de una compañía de dúos.

¿Cuál es la filosofía de Momix; qué es lo que hacéis que os hace diferentes a las demás compañías?
Lo que Momix proyecta es la realidad de la fantasía. Defendemos la imaginación como algo muy importante que hay que proteger, especialmente en este mundo tan global, tan sistematizado y estandarizado. Creo que el poder de Momix reside en ser totalmente independiente de todo eso. Tenemos que trabajar muy duro para crear un teatro como el nuestro. La creatividad y la invención es algo muy importante dentro de Momix. Creo que Momix, de alguna manera, crea otro mundo en el que la gente que vive estresada puede relajarse y olvidarse de todo durante unas horas. Nuestro propósito principal es “relájate y disfruta del sueño”.

¿Te imaginabas este tipo de espectáculos cuando estabas comenzando en este mundo?
Siempre he estado interesado en todo esto, en el drama de la vida cotidiana, incluso mucho antes de tener una pieza de danza. Nací y crecí en el norte de Vermont, en una granja donde mi primera experiencia fue hacer coreografías para las vacas. Me conocían como un cowreographer [coreógrafo de vacas]. Hubo un tiempo entre los años sesenta y los setenta donde había una gran sensación reaccionaria a muchos niveles debido a la Guerra del Vietnam. Había muchos jóvenes a los que no les gustaba el sistema, no les gustaba el Gobierno, no les gustaba la Guerra del Vietnam… Se creo un movimiento paralelo con los Beatles, el LSD, San Francisco… Era un momento maravilloso, una ventana en la que la música y la danza era algo que realmente se quería hacer. En ese momento, hacer tus propias cosas era el norte, la filosofía de ese movimiento. Siguiendo esa máxima, después de graduarme me fui al bosque a aprender percusión por mí mismo.

¿Cuál era la reacción de la gente en vuestros comienzos?
Uno de mis primeros espectáculos fue en 1971 con Frank Zappa. Él nos ofreció nuestro primer espectáculo siendo estudiantes. Creamos un espectáculo de danza llamado ‘Pilobolus’ con tres hombres atléticos haciendo formas con sus cuerpos, combinándolos para hacer formas esculturales. Esto fue una pieza de once minutos previa a Frank Zappa que, como puedes imaginar, es un enorme evento. Nunca se había visto nada igual, y la reacción de la gente fue la de una gran sorpresa. Era algo que no se esperaba y tuvimos mucho éxito, ya desde nuestros comienzos. Trabajé también con el músico de jazz Don Cherry, el padre de Neneh Cherry, que también ha sido una gran influencia en mi carrera. Creo que el público ha tenido una muy buena reacción desde el principio.



Josep Puy i Curiel :.
Viernes, 24 octubre '03