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El otoño ya ha llegado a Barcelona y con él, fiel como cada año desde 1998, el ciclo de cine Ambigú. Los martes, los cinéfilos que sufren el post-día del espectador, son acogidos por la familia de 100.000 retinas en su peculiar hogar: la sala Apolo, convertida por unas horas en una especie de prolongación del salón de casa. Quedas con los amigos, tomas una copa, escuchas música... y ves una película en pantalla de gran formato. Carlos R. Ríos, que programa el ciclo junto a Amaia Torrecilla, está contento porque el público aprovecha cada vez más esta oportunidad de ver películas inéditas en España, que no por ello "desconocidas o consideradas menores en sus países de origen".
El cine independiente tiene un gran número de seguidores en la ciudad, prueba de ello es que las actividades de este colectivo han ido aumentado en diversas citas: el Barcelona Asian Film Festival, Primavera Sound Film Festival o el reciente Cine sin techo.
Hasta el mes de diciembre nos espera, en dos únicas sesiones (20:30h y 22:30), cine procedente de Alemania, Reino Unido y del "niño bonito" de los organizadores, Francia. ¿Cuáles son los criterios de selección de 100.000 retinas?El primer criterio es que las películas no hayan tenido distribución en España. También tenemos interés por la novedad, la calidad , los nuevos directores...
Pero a pesar de que muchas de ellas no se estrenen aquí han pasado ya por festivales, como la Berlinale...Nosotros asistimos a festivales e intentamos ver el mayor número posible de películas. Sí pueden haber pasado por festivales como Gijón, San Sebastián o Cannes pero sólo seleccionamos las que no vendrán a los cines españoles.
La programación es seleccionada por el colectivo 100.000 retinas, ¿cómo os ponéis de acuerdo teniendo en cuenta que valorar una película es especialmente subjetivo?100.000 retinas nace por una cuestión de afinidad de gustos e intereses. Un día se descubre qué pasaría si hubiese en Barcelona una programación estable de cine que no se distribuya. A partir de aquí, los criterios a veces evidentemente son divergentes y hay películas que a lo mejor le gusta a uno de nosotros y a otro no e intentamos buscar el equilibrio. Es como un pacto pero sin hablarlo. Para nosotros es importante que las películas tengan calidad pero sobre todo primamos el derecho a ver, el derecho que tiene el público para decidir si le gusta o no... Y en cierta manera eso es lo que pesa. Muchas veces una película no te gusta del todo pero te parece interesante programarla porque le puede gustar a mucha gente.
Al ser cine que no se conoce por circuitos habituales, ¿creéis que el público va con referencias de las películas o más bien se fían de vuestro criterio?Normalmente no encuentras referencias de estas películas a no ser que busques en internet. Es una combinación entre que se fían y que les suena de algún festival. Se encuentran de todo, desde una película que no les ha gustado nada, como te puede pasar si vas a una sesión de un cine normal, hasta otra que si no hubiesen ido no la hubiesen descubierto. Si les interesa el tema o la sinopsis, repiten. El público es sobre todo joven, cinéfilo... También hay gente que ha venido por una cierta novedad o modernidad, pero a lo mejor no repiten porque si no están minimamente interesados en el cine, la verdad es que Ambigú es un ejercicio más duro todavía que el cine comercial. De todas formas nosotros también hemos pasado películas de directores y actores muy conocidos, pero lo que no hemos tenido hasta ahora es apoyo publicitario.
La diferencia entre el ciclo Ambigú y cualquier otro de cine alternativo es...Ambigú aporta más cine a la oferta de Barcelona y continuidad durante todo el año. Una de las novedades de este ciclo es que cada martes encuentras una película, no se trata de un festival que tiene una duración limitada. Nosotros marcamos lo de alternativo o independiente porque optamos por un cine de calidad que no se ha estrenado aquí pero que en sus países de origen no son desconocidas o películas menores. En nuestra selección no entraría por ejemplo una película alemana que cuesta 1000 millones porque puede ser de autor o de culto, pero no es cine alternativo, es una gran producción.
¿Por qué elegís la sala Apolo como cine improvisado?Cuando comenzamos no era fácil encontrar un recinto que pudiese albergar un ciclo de estas características porque los cines no estaban dispuestos a cerrar para una o dos sesiones del ciclo Ambigú. La
sala Apolo ya la conocíamos y realmente uno de los aciertos es poder aprovechar este espacio lúdico con pantalla grande y proyecciones de 35 mm. Es un reclamo más porque al público le resulta un lugar muy atractivo.
No programáis películas españolas... ¿por qué?Las películas españolas aunque se estrenen muy mal todas tienen salida comercial y por tanto ya no entran en nuestra selección. En alguna ocasión sí que ha habido interés por alguna pero las distribuidoras prefieren no exhibirlas porque entonces interfiere en el cauce normal de distribución.
¿Hay algún país que os parezca especialmente interesante?Francia, por su calidad y variedad y porque tiene muy buenos directores. Es nuestro niño bonito porque tiene una cinematografía muy cuidada. También nos gustan mucho los países asiáticos y a estos ya les dedicamos un festival completo.
¿Cómo disteis el paso para organizar este festival, Barcelona Asian Film Festival?Se organizó porque ya veíamos desde hace tiempo que el continente asiático tenía una presencia y calidad muy altas en algunos países, decidimos también abrirle las puertas y decir "hay que hacer algo". Fue conjuntamente una propuesta de una exposición para que aportásemos una parte de cine y ya planteamos hacer una primera muestra, así fue cómo comenzamos a trabajar hace 5 años. El año pasado el BAFF ya hizo el gran cambio y ahora llega una época de estabilidad porque ha ido creciendo el doble en presupuesto, en actividades...y ahora ya hemos logrado nuestros objetivos.
¿Habéis pensado en organizar más festivales?Por ahora no. La verdad es que las actividades de 100.000 retinas ya son varias: se creó el Primavera Sound Festival y creo es suficiente. Este año hemos inaugurado la programación de cine de verano, Cine sin techo, en colaboración con la productora de cine Mi brazo izquierdo y un restaurante. Esto era algo que nos apetecía organizar hace mucho tiempo y este año se ha hecho por fin porque ha habido un sponsor que lo ha pagado porque si no sería imposible que produjésemos todas las actividades. Ha tenido mucho éxito, era gratuito y va a seguir en esta línea.
¿Cuál es el balance tras estos seis años apostando por cine independiente?Positivo, a pesar de que el inicio fue duro y mantenerlo no es nada fácil, pero para nosotros es una satisfacción haber proyectado alrededor de 40 películas al año durante todo este tiempo. Hubo un momento en el que no podíamos pensar que el ciclo durase tanto, pero sigue viniendo gente, tiene un público estable y a la vez se suma gente nueva cada año. Hemos conseguido crear una marca, mantener una programación estable y que el público haya reconocido que la selección de las películas es buena.
María Marquéz López :.
Lunes, 27 octubre '03