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El Ayuntamiento de Barcelona pondrá en marcha antes de fin de año el equivalente, según se mire, a la fiscalía de los abusos inmobiliarios, un equipo municipal e interdisciplinar que centralizará todas las quejas de inquilinos de la ciudad víctimas de mobbing por parte de los dueños de sus pisos. Les asesorará sobre cuáles son sus derechos, cómo combatir el atropello que sufren y, en casos de extrema vileza, el ayuntamiento no descarta personarse ante el juez como acusación particular contra propietarios e inmobiliarias.
Son historias en las que los malvados parecen sacados de estereotipos cinematográficos del cine en blanco y negro. Arrendatarios que engañan a ancianas para echarlas de sus pisos por falsos impagos del alquiler. Inmobiliarias que a propósito convierten en inhóspitos lugares sus propias fincas para forzar así la huida de los inquilinos. Eso es el mobbing. La vileza es común en estos tiempos en el mercado inmobiliario de Barcelona, tal y como poco a poco han ido descubriendo la variedad de oficinas municipales a las que los afectados se han dirigido en los últimos meses. A veces, la queja la recogen los servicios sociales de una sede de distrito. Otras, la oficina central de información al consumidor. En ocasiones, la Oficina por la no Discriminación ha sido testigo de las más despreciables actuaciones.
La unidad antimobbing, que quedará bajo la coordinación política del teniente de alcalde Jordi Portabella, será, en primer lugar, el punto de destino de todas las denuncias, vengan por la ventanilla que vengan. Una vez allí, con un equipo de abogados ampliado, se analizarán los casos y se proporcionará toda la información necesaria para que un afectado pueda emprender acciones judiciales.
Portabella explica que el ayuntamiento no tiene fuerza legal para obligar a un propietario a atender las demandas de un inquilino, pero asegura que los servicios técnicos municipales están dispuestos, llegado el caso, a intensificar con meticulosidad de relojero las tareas de inspección por falta de mantenimiento y por ruidos que se deriven de las denuncias recibidas en la fiscalía.

CÁNCER GENERAL
El mobbing inmobiliario, en contra de lo que pudo parecer en un primer momento, no es un problema exclusivo del casco antiguo de la ciudad, de viejas fincas que han quedado engullidas por barrios que de repente se ponen de moda. Es un cáncer general. Algunas empresas le han echado el ojo, por ejemplo, a la Barceloneta, pero también el Eixample es un pastel apetitoso para enriquecerse si no se tienen escrúpulos, pues se calcula que en ese cotizado distrito viven solos unos 10.000 ancianos.
La magnitud del problema ha propiciado que el Ayuntamiento de Barcelona, a la hora de organizar la central antimobbing, haya establecido una serie de acuerdos de colaboración con el Colegio de Abogados, con los administradores de fincas, los sindicatos, la Federación de Asociaciones de Vecinos y los Agentes de la Propiedad Inmobiliaria.
En breve, el ayuntamiento tiene previsto lanzar una campaña de información destinada a dar a conocer el nuevo servicio municipal, cómo acceder a él y, lo que es más básico, cómo identificar cuándo se es víctima de mobbing.

Fuente: El Periódico:. [sab/22 nov '03]