|
Rafael TapounetEl Periódico29 noviembre '03
El pasado lunes, mi dilecto colega Ramón Vendrell escribía en las páginas de Espectáculos de este mismo diario un artículo sobre
Charlie Gillett, reputadísimo periodista musical, autor de El sonido de la ciudad --un texto fundamental acerca de los primeros años del rock-- y uno de los mayores especialistas del planeta en música étnica, también conocida como música del mundo, música de raíz, pop global y muchas otras cosas.
Pues bien, el tal Gillett lleva años sosteniendo desde los micrófonos de la BBC que Barcelona es la repera, que la escena musical de la ciudad no tiene parangón en el mundo libre y que grupos como
Ojos de Brujo, Dusminguet y Macaco son el futuro del rock and roll entendido éste en su sentido más amplio y estimulante. "¿Es Barcelona el nuevo San Francisco?", se preguntaba el pasado 29 de marzo en su programa radiofónico The sound of the city. Caramba con Gillett.
Nosotros no vamos a llegar a tanto. Entre otras cosas, porque esta ciudad padece una carencia endémica de infraestructuras (salas de concierto con los permisos en regla, locales de ensayo, estudios de grabación...) que convierte en una pequeña heroicidad el mantener durante cierto tiempo una actividad musical no financiada por una discográfica y alejada del circuito de fiestas patronales.
Pero, pese a todo, algo hay. Lo demuestra la reciente publicación de Barcelona Raval Sessions (Satélite K), un disco doble con un diseño espléndido que recoge el trabajo de más de una treintena de grupos y artistas que operan en la ciudad o que en algún momento han colaborado con artistas barceloneses. La música podrá gustar más o menos, pero desde un punto de vista sociológico el resultado es fascinante: del Caribe a Pakistán, del árabe al catalán, del moderno hip hop al viejo klezmer centroeuropeo, todo se mezcla en este sabroso potaje que resume el sabor de un barrio mutante y que cuenta con la colaboración de Mecca-Cola. Si es que cuando nos ponemos...