|
Carmen MuñozEl PeriódicoDomingo, 30 noviembre '03
Son jóvenes, tienen inquietudes culturales y están decididos a cambiar la imagen de las calles más degradadas del
Barri Gòtic. Han empezado por llenar de dibujos de colores las persianas de los comercios abandonados o que sólo abren por la noche de la calle de Aglà y la placeta de Sant Francesc, ambas situadas a pocos metros de Escudellers, donde cuando cae la tarde individuos ajenos al barrio trapichean con hachís. También han alquilado locales para convertirlos en centros de intercambio cultural.
"Este barrio es hermoso y de noche está repleto de gente joven. En la calle de Escudellers viven muchos estudiantes nórdicos", comenta Alecia Branger, una venezolana que ha convertido una antigua carbonería de la calle de Aglà en el centro cultural Autana. "Somos una asociación que se dedica a fomentar el talento de los jóvenes de Catalunya y a difundir el quehacer artístico de los de otros países".
Alecia explica que la idea de renovar la zona partió de una boliviana, Rosa Cugler. "Ella quería darle color a este barrio, que de día está lleno de locales cerrados y de noche, de bares de copas donde hay mucho ambiente". "Rosa --indica Alecia-- entusiamó con su idea a un grupo de jóvenes y se pusieron manos a la obra".
Buscaron patrocinadores y los consiguieron. Dos fábricas de pinturas, Titanlux y Montana, les facilitaron el material. Y a continuación realizaron una convocatoria para implicar a vecinos, estudiantes y graffiteros en el proyecto que denominaron Enróllate con las persianas. "Vino una clase entera de la
escuela Massana a pintar", cuenta Rosa. Los últimos fines de semana se concentraron en la placeta de Sant Francesc y se lanzaron, esprays y pinceles en mano, a llenar de color las calles de Aglà, Rauric, Beat Si-
mó, Les Heures, Lleona y Escudellers Blanc.
Recuperar la historia
Los autores de los dibujos se propusieron recuperar la historia del barrio, pintando en las persianas comercios que existieron en otra época: una panadería, una librería, una pescadería, una carnicería, una juguetería, una mueblería y una carbonería.
Todos los participantes en el proyecto se integran en una asociación de vecinos que han bautizado como La Creu de Barcelona, pero que aún no está registrada.
"Nosotros ponemos el arte y queremos que el ayuntamiento nos ponga más luz en las calles y medios para acabar con el trapicheo de hachís", afirma Alecia.
Hoy, fiesta inaugural
Los vecinos han preparado para hoy una gran fiesta en la calle para inaugurar las pinturas. "Tenemos previsto instalar tenderetes para vender objetos de intercambio cultural y hacer teatro y una chocolatada para los niños. Están todos invitados", adelanta Rosa.