Se pretende crear una memoria visual de lo que provocó la guerra en Irak. Es un documento de la angustia de millones de personas de todo el mundo...
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James Mann es el editor del libro Carteles contra una guerra en el que se recogen 200 afiches creados por diseñadores de todo el mundo en contra de la última guerra en Irak, y que Mann recopiló a través de la red antes de darles forma en la publicación de este ejemplar. Este diseñador gráfico ha trabajado para revistas internacionales de la talla de I-D Magazine o SPIN Magazine, además de realizar trabajos como director artístico en empresas del mundo de la moda y del diseño multimedia.


Una vez terminada la guerra y cuando apenas ya no se ven cárteles de este tipo en las calles, ¿qué se pretende con la publicación de “Carteles contra una guerra”?
Se pretende crear una memoria visual de lo que provocó la guerra en Irak. Es un documento de la angustia de millones de personas de todo el mundo al rechazar este último conflicto en el país árabe. Hay muchísimos libros escritos que narran conflictos bélicos, hay libros de historia escritos pero ninguno visual, este es un libro de historia, es el primer libro de historia visual sobre el rechazo social a esa guerra. Es, al fin y al cabo, una manera de recordar que una gran parte de la población quiso demostrar su desacuerdo con la intervención en Irak.

¿Qué criterios se ha seguido para seleccionar 200 carteles de los miles que le enviaron por Internet?
Tuvimos varios parámetros, por ejemplo, que fueran visualmente interesantes, que el mensaje fuera fuerte, su valor simbólico. Debimos tener en cuenta que no todos los que nos enviaron carteles eran diseñadores gráficos, pero sí nos fijamos en el diseño, en el estilo, de éstos, por ejemplo. También he tenido que investigar para conseguir carteles para el libro que sólo conocía por una fotografía o por la televisión.

A lo largo de los años, la propaganda bélica, sobre todo en la II Guerra Mundial, y la propaganda gubernamental, por ejemplo el letrero de reclutamiento estadounidense, han surtido efecto en la sociedad. ¿Han tenido efecto estos carteles en la clase política?
Eso espero. Aunque, sinceramente, no creo que los políticos los hayan visto, aunque sí gran parte de la sociedad y eso es importante. Los políticos, tal vez, los vean ahora, al término de la guerra y una vez publicado “Carteles contra una guerra”. Quizá cuando piensen en empezar una nueva guerra se acuerden del libro y en el rechazo Social a la guerra que este demuestra y piensen que la última vez que lo hicieron la gente no estaba con ellos, que no fue correcto, que lo ocurrido no estuvo bien, tal vez entonces decidan no empezar un conflicto bélico y adoptar otra postura.

¿Hace falta una guerra para que el diseño deje a un lado su función estética para emprender una función social o una lucha social a favor, en este caso, de los derechos humanos?
El diseño no tomó esta postura sólo a raíz de la guerra en Irak, fue a partir de la elección de Bush porque sabíamos que eso podría significar una guerra. A partir de la elección de George Bush como presidente de los Estados Unidos de América del Norte se crearon muchas páginas en la red en contra de su política, que bromeaban o respondían contra la manera de gobernar del presidente. Éste es la primera causa de este movimiento y no la guerra ya que, por ejemplo, con Clinton no ocurrió nada parecido. En mi opinión, este tipo de respuesta social a través del diseño se irá haciendo cada vez mayor con el objetivo de contrarrestar la visión del mundo que nos ofrecen tanto los políticos como las noticias que siempre es la misma.

¿Es la red un órgano suficientemente organizado y estructurado para luchar contra el orden informativo impuesto?
Sí, sí creo en que sea un órgano capaz de ello. Internet es libre, si quieres información, sea del tipo que sea, ahí la tienes, sólo tienes que buscarla. Cada vez hay más gente con ordenadores. Es un lugar donde cada vez el costo es más bajo y el nivel de la información más alto. Además la información se suministra de manera muy fácil y por un único canal. La televisión acostumbra a tener 20 o 30 y no dicen nada nuevo, siempre es lo mismo y el mismo punto de vista. Internet es mucho mejor que eso, va más allá y auque realmente no se puede saber si es verdad todo lo que se dice, al menos se tiene más de un punto de vista procedente de cualquier parte del mundo.

¿Cómo has vivido este 2003, año del diseño en Barcelona?
Sé que ha habido numerosas exposiciones y conferencias de las que sólo me ha sido posible asistir a unas pocas, pero me parece espectacular que se realicen este tipo de propuestas, que Barcelona haya sido sede del año del diseño porque a menudo la gente no tiene muy claro cual es el trabajo de un diseñador gráfico y jornadas como esta ayudan a aclarar ciertos términos.

¿Crees que acontecimientos como este abren puertas profesionales a las nuevas hornadas de diseñadores recién salidos de las escuelas?
Sí, por supuesto. Si cuando estudié en mi ciudad natal de San Diego, en California, hubiera tenido algo como un año del diseño, hubiera sido diferente. El poder tener todo tipo de exposiciones, de conferencias, es una fuente de aprendizaje enorme, te abres a nuevos conceptos y enriquece tu formación como diseñador. Unas jornadas de este tipo te permite ver obras de diseñadores, pero no sólo contemplar sus obras, sino también obtener el nombre del diseñador, el despacho donde trabaja y enviar allí tu currículo, o presentarte tu mismo con tu trabajo y conseguir unas prácticas o, tal vez, un trabajo.

¿En esta nueva década donde el diseño está presente prácticamente en todo, ¿hasta que punto la estética está por encima de la funcionalidad de los objetos?
Se debe llegar a un equilibrio entre la estética y la funcionalidad. Pero un diseñador ante todo debe innovar y ello se hace a través de la estética. Innovar es progresar, es romper con lo anterior, si por ejemplo diseñamos un bolígrafo, siempre será un bolígrafo, pero si innovamos la estética del diseño ya se aporta algo más y ya se transgrede con lo anterior. Es como la arquitectura, Barcelona, por ejemplo, tiene una arquitectura hermosa, y ese atractivo reside en que ha ido evolucionando desde siglos anteriores. No son sólo recintos para vivir, son también arte, innovación y progreso, ya que vez es diferente y cada vez más evolucionada. Ahí reside su atractivo.



Iván Muñoz García :.
Lunes, 01 diciembre '03