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Martha Carbonell y Joan Guasch fueron los fundadores del Teatre de l'Eixample, hoy rebautizado como Guasch Teatre en homenaje a su cofundador, fallecido en el año 2000. Hoy, después de muchos años en diversas compañías y de bolos alrededor de Catalunya, Martha Carbonell protagoniza La Celestina, el inmortal clásico de Fernando de Rojas. Dirigida por su hijo y combinando su interpretación con la dirección del teatro, tuvo tiempo para charlar con Barceloca. Esto fue lo que nos contó:¿Qué os llevó, a ti y a Joan Guasch, a crear el Grup de mim gran guinyol?Uy... de eso hace muchos años [Ríe]. A ver, nosotros salíamos del
Institut del Teatre y ya habíamos formado parte de los principios de
Els Joglars. Entonces [Joan y yo] nos casamos y la inquietud que teníamos era hacer cosas. En aquella época [1966], hacer teatro en catalán era muy difícil y teníamos las inquietudes normales de aquella época, de hacer alguna cosa diferente. Nosotros vivíamos en Sant Feliu de Llobregat y con gente de allí decidimos tirar adelante el Grup de mim gran guinyol, por necesidades propias de hacer alguna cosa.
¿Alguna anécdota referente a aquellos tiempos?¿Una anécdota? A ver, en aquella época todo lo hacíamos con muchas ganas, con mucha ilusión, ensayábamos en la azotea de mi casa… yo tenía un hijo [Joan Guaski, director de
La Celestina] y tuve otra hija en muy poco tiempo; me los llevaba a todas partes de bolos. Una de las anécdotas haciendo mimo es que Joan Guaski veía siempre las funciones desde los lados del escenario. Aún no sabía caminar, tendría unos dos años y medio o así, pero hacía todo lo que hacía su padre. Nosotros hacíamos un espectáculo de mimo que se llamaba Gandhi, y uno de los números consistía en meter a Joan en una caja. Dos compañeros nuestros lo sacaban a escena y la tenían que dejar ir. La caja cayó y empezó a dar vueltas por el escenario y yo recuerdo que él iba diciendo "uy, uy, uy, uy, uy…" [Se ríe].
¿Cómo fueron estos comienzos hasta que por fin pudisteis fundar el Teatre de l'Eixample, hoy Guasch Teatre?A ver, nosotros pasamos del Grup de mim gran guinyol a intentar hacer algo más allá. Empezamos haciendo poesía con música, expresión y luz. Algo que entonces era muy avanzado, quizá demasiado. Lo que pasa es que nos prohibió hacerlo. Estrenamos en Sant Feliu, en un centro social. A partir de allí intentamos hacer cosas nuevas, buscamos a gente e intentábamos tirar más de la palabra. Cosas más de teatro independiente, que se decía en esa época, lo que hoy es el teatro alternativo. Más alternativo era en aquel momento romper moldes, y así estuvimos unos cuantos años hasta que Joan y yo nos dimos cuenta que queríamos vivir del teatro. Y como teníamos ya cuatro hijos, nos dimos cuenta que haciendo sólo cosas alternativas no comíamos. Decidimos hacer comedia con una obra que montamos, El viatge de nuvis. Empezamos a hacer muchos bolos por Catalunya, tuvimos mucho éxito, empezamos a hacer teatro infantil para las escuelas. Alquilábamos teatros, íbamos a escuelas, y a partir de aquí comenzamos a hacer cosas. Montamos nuestra propia escuela de teatro, y la ilusión de toda la vida era tener un teatro. A todos nuestros hijos, por suerte, les interesaba mucho el teatro. Un día vimos este local por la calle, parecía hecho para nosotros y nos liamos la manta a la cabeza, como tantas otras veces. Nos endeudamos con ochenta millones de pesetas y abrimos el teatro. Ha sido durillo pero ahora podemos decir que nos va muy bien. Mi marido se quedó en el camino, pero mi hijo y yo estamos muy contentos porque nos está funcionando muy bien.
En 1979 comenzasteis la campaña Cap nen sense teatre, y desde entonces le habías dedicado especial atención al público más joven. ¿Cómo crees que ha evolucionado el teatro infantil desde entonces hasta ahora?La única evolución que hay es que las escuelas están más concienciadas en traer a los niños al teatro. Entonces era mucho más difícil hacer una función para niños o adolescentes, era peor que lo de ahora. Era estar haciendo algo y que te tirasen castañas, monedas... Era espantoso, era parar una función y amenazar de terminar la función si no había silencio. O tirar el telón y esperar que callasen. Era muy duro, mucho. Yo creo que ahora se está más concienciado, sigue siendo durillo pero es diferente. Algo que está muy bien que es que los padres se han acostumbrado a traer a los niños al teatro. Tenemos una trayectoria muy importante de teatro infantil, una línea que a la gente le gusta mucho y tenemos un público muy fiel. Cada mes programamos un espectáculo diferente, y hay público que viene cada mes. Los niños participan muy espontáneamente, y cada uno a su manera: los más pequeños se quedan con lo visual, los colores, la música… Los mayores se quedan con la historia y los padres con los gags. Así llega a todos. También, cuando terminamos la función, todos los actores están en la salida y saludan a los niños. Es una manera de que los niños pierdan ese miedo y, al mismo tiempo, mantener esa magia.
¿Cómo respondieron los medios y el público en general cuando abristeis esta sala?Al principio muy bien, pero después nos dieron un poco la espalda porque tuvimos los problemas lógicos que se tienen al estar en deuda por ochenta millones de pesetas. La verdad es que el año pasado estrenamos La casa de Bernarda Alba, que fue un éxito total, y duró siete meses. Pues no vino ni un crítico en siete meses. Ni uno. Y el espectáculo estaba muy bien. Yo creo que La Celestina está muy bien, es un espectáculo duro porque es muy largo y no contamos con ninguna ayuda. Nosotros pagamos a los actores y nosotros nos montamos la producción. Evidentemente no podemos hacer estos grandes montajes que hacen en el Nacional, pero tienen una dignidad, creo yo. Y hacer una Celestina sin ayudas, recortarla de cinco horas a dos sin que pierda coherencia y que más o menos se aguanten bien sin que se lleguen a hacer muy pesadas, creo que podemos estar muy contentos. Hemos tenido muchas escuelas pero en general nos han respondido muy bien.
Hablando ya de La Celestina, ¿qué se siente interpretando a uno de los personajes más míticos de la literatura española?No sé, yo me lo paso muy bien. Disfruto mucho porque es un personaje que tiene muchos tonos, mucho colorido. Realmente es disfrutarlo mucho. Es un personaje que tiene muchas lecturas, y de las dos horas que dura el espectáculo, es casi una hora y media la que me paso hablando. Realmente me siento fantástica, igual que me sentí interpretando a Bernarda Alba. Supongo que la edad que tengo ahora es la que me permite disfrutar de estos personajes.
¿Cómo es interpretar un texto escrito hace tantos siglos?Ha sido difícil, pero no tanto como yo me imaginaba. El castellano antiguo no lo hubiésemos podido decir, porque ni nosotros ni la gente habríamos entendido nada. Entonces lo que se ha hecho ha sido actualizarlo pero no del todo, se mantienen los giros antiguos. Ha sido complicado porque te tienes que adaptar y además no puedes improvisar, porque para ello tienes que saberte el texto muy bien. No puedes decir según qué palabras, porque entonces no existían…
¿Por qué decidisteis hacer esta versión de La Celestina?Llegamos a un punto, con este teatro, en el que teníamos que hacer producciones propias y claro, era un gasto. Lo que pasa es que venían compañías de fuera, y como este teatro no es pequeño pero tampoco grande, no venía nadie de renombre. Entonces eran compañías que nadie conocía, con títulos muy extraños y no nos venía suficiente público para adultos. Y además teníamos muchos problemas. En el sentido de que todas las compañías se creían que eran fantásticas, y si no venía público la culpa era del teatro aunque si venía más o menos era gracias a ellos. Llegó un punto en que decidimos dejarlo, hacer lo que quisiésemos nosotros pero abiertos a cualquier compañía que nos quisiese alquilar el teatro. Entonces decidimos hacer un par de cosas, y un día Joan me comentó la posibilidad de hacer
La Casa de Bernarda Alba. Y nos fue bien. Además tuvimos la suerte de que entrase en los temarios de secundaria y bachillerato. Nos dimos cuenta de que era un sistema: nombres conocidos, cosas que nos apetezcan y que más o menos puedan venir las escuelas… intentamos que yo pueda actuar porque nos ahorramos un actor y además, ya que he luchado por tirar esto adelante, al menos que pueda estar sobre el escenario, ¿no? [Se ríe].
¿Cómo está siendo la respuesta del público?Yo creo que bastante buena. El teatro ahora está muy mal, pero está muy bien que la gente vaya al teatro; nosotros vamos teniendo público. Terminamos el cuatro de enero porque queremos estrenar otra cosa a finales de febrero y claro, ensayar, actuar y llevar el teatro son demasiadas cosas. Primero queríamos hacerlo paralelamente, pero no nos vimos con fuerzas. Cerraremos ese tiempo, no tendremos que pagar a los actores, pero sí que podremos ensayar. Y entonces, la tercera semana de febrero estrenaremos Èdip rei.
¿Cuál crees que es el motivo por el que ahora muchas compañías apuestan por los clásicos?Lo de los clásicos es porque no pasan nunca y porque el público los conoce. ¿Qué hay ahora que a la gente le llame la atención?
T de Teatre, Rubianes, las vaginas y los penes…...claro, T de Teatre porque las conocen de la tele, pero no es una obra-obra. Hay mucha gente a la que le gusta ver clásicos y cosas muy determinadas. Entonces, o eres conocido de la tele, o haces una cosa clásica. Porque para hacer la vagina, el no sé qué del pene… la verdad, prefiero no hacer nada. O los 5hombres.com, todas esas cosas que están muy bien pero que para eso ya está la tele. Yo creo que la gente tiene que apostar por una cosa que tenga una calidad; los clásicos la tienen porque si no, no estarían. El gran público no está acostumbrado a ir a ver teatro-teatro, van a ver cosas conocidas, cosas concretas.
Volviendo al tema del teatro, cuéntanos como es un día cualquiera en el Guasch Teatre.¿Un día cualquiera? A ver, esta mañana hemos hecho Els Pastorets. Hoy es un día extraño porque después de Els Pastorets nos hemos cogido dos horas libres. Después hemos hecho la comida de empresa, a las cuatro teníamos la Escola Roser que nos alquila el teatro mañana y estábamos ensayando, estoy haciendo pruebas para hacer La caseta de xocolata porque me falta una actriz para hacer de Gretel, y después haremos la función. Es durillo, pero es nuestro trabajo, es lo que hemos decidido y es la satisfacción de haberlo conseguido. Hacer lo que quieres y lo que te gusta, que es algo que no lo puede decir cualquiera.
Y ya para acabar, ¿cómo ves el futuro del teatro en Cataluña?Esta es una pregunta que, desde que me dedico al teatro, la oigo. ¿El futuro del teatro? No lo sé. Sinceramente, no tengo ni idea. Creo que aquí [en Barcelona], por la razón que sea, no somos gente de teatro. La gente no tiene costumbre de salir e ir al teatro, no tienen el hábito. Hay mucha gente que me parece que no deben haber pisado nunca un teatro. No sé qué puede pasar. Han sido muchos años de hacer un teatro que era un palo, la gente se aburría… Hay un problema muy grave que es que creo que el teatro está muy desprestigiado. Primero haciendo cosas de poca calidad y segundo dándole poco valor económico, se regalan las entradas masivamente. Yo protesté contra eso, porque si hoy en el Nacional regalan las entradas a tres euros... ¿a quién tendré yo aquí? La gente no vendrá a pagar dieciséis euros al Guasch Teatre teniendo el Nacional a tres. Esta competencia, para nosotros, no es justa. La gente ya espera a que regalen entradas, si no las regalas, no van.
Josep Puy i Curiel :.
Viernes, 19 diciembre '03