Lo que de verdad me interesa es documentar la realidad que nos envuelve y que a veces se nos escapa
Héctor Mediavilla
Entrevistas |


En 1999, Héctor Mediavilla substituía definitivamente los números por una cámara de fotos. Tras años como economista, un viaje a Latinoamérica le convenció para dedicarse en exclusiva a una afición con la que ha desarrollado una conciencia crítica acerca de diversos dramas sociales. A través de su objetivo se ha conocido la cotidianeidad de poblaciones africanas y sudamericanas gracias a su colaboración con ONG's como Intermón Oxfam. En esta ocasión nos presenta la crónica de las vivencias de los habitantes de los antiguos cuarteles de Sant Andreu a lo largo de 14 meses y la peculiar tradición de los sapeurs, integrantes de ciertas etnias congoleñas que, ataviados al más puro estilo dandy, ejercen de animadores en todo acto social que precise de su elegancia. Dos realidades muy distintas pero unidas, según el autor, por un mismo cariz optimista, de ahí el título de la muestra: Un món de il·lussions.
La fundación Photographic Social Vision, a través del ciclo Al Marge, se encarga una vez más de difundir un extenso trabajo de documentalismo social, que tendrá su continuación en las próximas semanas de la mano de otros autores. Las cocheras del Palau Robert acogerán la inauguración de este ciclo de proyecciones fotográficas y el posterior coloquio al que asistirán diversos protagonistas de los reportajes.


¿Cómo nació la idea del fotorreportaje en los cuarteles de Sant Andreu?
Fue un poco casualidad. El tema de inmigración me interesaba desde hacía tiempo, tengo amigos inmigrantes y vi en un periódico la noticia de que habían ocupado estos cuarteles militares. La zona me sonaba porque había estado fotografiando una de las raves que se habían celebrado allí unos años antes y a partir de ahí poco a poco fui conociendo a gente, introduciéndome... y hasta ahora.

¿Qué dificultades te encontraste a la hora de relacionarte con sus habitantes?
Mucha gente al principio desconfiaba enormemente aunque también he hecho muy buenos amigos. Fue poco a poco, primero te ven con la cámara y esto les hace desconfiar porque te ven como una amenaza: creen que eres policía o que les vas a mostrar en una situación que no les gusta verse porque sus familias no saben que están así. Lo consigues generando confianza, demostrando que tu intención es buena, y para eso les mostré los trabajos que había hecho antes. Sobre todo fue una labor de convivencia porque la verdad es que he estado muchas horas con ellos. Durante una semana no saqué la cámara, tan sólo charlábamos, les enseñaba mi trabajo y les regalaba las fotografías que les sacaba.

Entre la gente que conociste,¿qué abundaba: los que vivían allí desde hacía tiempo o los que estaban de paso?
Se hablaba de que en total había 1.000 personas, pero viviendo al mismo tiempo eran unas 700 u 800, no se sabe con certeza porque algunas sólo iban a dormir. Yo tengo muchos amigos que ya no viven allí porque los han deportado o porque ellos mismos han ido a buscarse la vida a otros lugares...Los primeros empezaron a vivir en '97.

a hora de comenzar las sesiones fotográficas,¿contabas con un enfoque específico o improvisabas?
Mi interés inicial era mostrar que en esta sociedad de consumo hay personas que no tienen la misma suerte que la mayoría y que aprovechan nuestros restos para ganarse la vida. Al mismo tiempo, quería reflejar cómo en unos cuarteles militares que ya no les interesan a nadie son capaces de inventarse una casa y decorarla, porque había casas que eran de alucinar, como pueden ser la tuya o la mía. Lo que me interesaba era mostrar cómo organizan su casa y sus vidas cotidianas. Más tarde, cuando se volvió todo más mediático con las manifestaciones de los vecinos, me dio pie a narrar toda la historia: el juicio, los derribos...

En la inauguración de la exposición estará presente Carmen Castillo, secretaria de la Asociación de Vecinos de Sant Andreu Nord, ¿qué visión aportará?
Digamos que es en situaciones un poco límites cuando se ve la calidad de las personas y lo cierto es que ha habido dos tipos de vecinos: los que se han interesado y han creído que esas personas necesitaban una ayuda a pesar de que al mismo tiempo exigían unos equipamientos que les habían prometido las administraciones hace 20 años; y otros a los que no les importaba nada la gente. Dentro del primer grupo está Carmen Castillo, que creo que de todos los que hemos pasado por allá es la persona que más les ha ayudado, no sólo desde la asociación sino especiamente a título personal La otra facción de vecinos desde el principio buscó el derribo de los cuarteles y el desalojo de los inmigrantes. Es muy interesante que Carmen esté en el coloquio para que nos cuente todo lo que ha pasado, porque incluso ha llegado a sufrir amenazas.

¿Cuándo comienzas a trabajar con los sapeurs?
En mayo de este año fui al Congo contratado por la Unión Europea como formador de fotógrafos congoleños. Muchos de ellos contaban con más experiencia que yo pero no habían desarrollado demasiado el lenguaje visual; al carecer de medios suelen limitarse a realizar retratos, utilizando así la fotografía únicamente con la función básica del recuerdo. Este curso tenía como finalidad una exposición en Bamako en octubre a la que acudieron fotógrafos de toda África. Aproveché la experiencia para realizar dos reportajes por mi cuenta y uno de ellos era el de los sapeurs.

¿Ya conocías la historia de esta peculiar tradición?
No. Cuando supe que haría este viaje, pensé en hacer un trabajo de la vida cotidiana de África sin caer en lo típico de la pobreza, el hambre... Me contaron que existía un lugar, una gasolinera, que los fines de semana se convertía en una discoteca a la que iba gente como disfrazada. Eran los sapeurs. Poco a poco me fueron presentando a algunos de ellos y también les gustó la experiencia de que un fotógrafo blanco les retratase porque lo que buscan es exhibirse y así se sentían más importantes.

El título de la exposición, Un món de il-lussions, resulta chocante porque al pensar tanto en los inmigrantes, que vivían en esas condiciones precarias, como en los sapeurs, que tampoco gozan de las mejor calidad posible de vida, te imaginas a seres frustrados...
Mi idea era la de buscar algo que ligase con los dos trabajos y en ambos la ilusión creo que era un punto en común...y yo creo que es uno de los grandes motores de la vida. En cuanto a los inmigrantes, aunque estén aquí en una situación trágica también han venido para mejorar su situación y al menos tienen esa esperanza. Dentro de la diversidad que existía en los cuarteles, donde convivían hasta 33 nacionalidades, todos cargan con su ilusión. En el caso de los sapeurs, tienen un mito que les permite llevar su vida diaria sin hundirse en su triste realidad, para lo que se aferran a esta fantasía, que es muy sana.

¿La temática social es lo que más te interesa a la hora de realizar reportajes?
Lo que de verdad me interesa es documentar la realidad que nos envuelve y que a veces se nos escapa; no únicamente los temas más difíciles y problemáticos sino cualquiera que a mí me interese y que crea que puede invitar a la reflexión. Un trabajo que tengo en mente será sobre el exceso de consumo, porque después de haber estado en África y Latinoamérica y teniendo más conciencia de las desgracias que hay en el mundo, me gustaría no sólo fotografiar para dar más voz a los que no la tienen sino también para hacer un ejercicio de autocrítica sobre todos nosotros.

¿Qué limitaciones has encontrado por parte de los medios de comunicación a la hora de exhibir tus trabajos de fotoperiodismo social?
Todas y más. Del tema de los cuarteles, que cuenta con un año de trabajo, he publicado muy pocas cosas porque en los periódicos no quieren tratar temas de inmigración y ocupación. Los medios se dedican a hablar de la noticia día a día de una forma muy superficial y en este caso en particular, con muchos errores. En verano se decía que la Cruz Roja realojaba a inmigrantes cuando lo cierto era que los deportaban y detenían... No se da espacio para presentar temas en profundidad, hoy por hoy todo depende de la publicidad y de grupos financieros cuyo objetivo final no es tanto el periodismo sino la rentabilidad de sus empresas. No hay ningún anunciante que en la página en la que aparece su producto (coches, joyería...)quiera ver al lado fotografías de gente que está recogiendo basura. Las áreas grises de nuestra sociedad se intentan negar aunque todos sabemos que existen.



María Márquez López :.