Ha sido una locura, porque se planteaba un acto con unas 200 actividades y hemos llegado a las 400
Diseño | Entrevistas |

Comissario Any del Disseny
Óscar Guayabero

¿Has pensado alguna vez que la silla donde te sientas es fruto del diseño? ¿Y el bolígrafo con el que escribes? ¿Y el coche que conduces? El diseño está por todas partes, y el 2003 ha sido su año. Después de 12 meses llenos de actividades, el Año del diseño llega a su fin. Los últimos actos se celebrarán durante este mes y es ahora cuando toca hacer balance de lo que ha sido este acontecimiento que ha aglutinado las diferentes disciplinas del sector y las ha acercado al público. Óscar Guayabero, miembro del FAD (Fomento de las Artes Decorativas) y comisario del evento, nos habla de lo que ha significado éste.

Ahora que los actos del Año del diseño están a punto de terminar, ¿qué valoración haces de estos últimos meses?
Ha sido una locura, porque se planteaba un acto con unas 200 actividades y hemos llegado a las 400. La respuesta de los profesionales, de las empresas y de las tiendas ha sido alucinante. Es una buena señal; si el sector hubiera dicho: es vuestro año, haced lo que queráis, a nosotros no nos compliquéis la vida, hubiera sido un poco triste, porque se hubieran hecho bastantes cosas, pero habría sido muy institucional. Lo que ha sucedido es que ha sido como una explosión, y como hay muchos sectores dentro del diseño, desde la moda hasta la arquitectura pasando por el diseño gráfico, pues se han hecho muchas cosas. Y eso ha sido gracias la respuesta de la gente. Por otro lado, las industrias y el diseño estaban un poco divorciados, y éste es un matrimonio que tiene que funcionar bien, porque si no, los niños salen tontos.

¿A qué te refieres con “divorciados”?
Bueno, los industriales no acaban de ver qué posibilidades les puede dar el diseño, y lo tienen que ver, porque el mercado lo esta pidiendo a gritos. Todo lo que sale al mercado está diseñado por alguien, aunque no tengas conciencia de ello, y en el mercado internacional cada vez cuela menos la copia. Hemos hecho una exposición en Madrid que se llama COCOS -copias y coincidencias-, y está muy bien porque habla un poco de eso. Se ha acabado lo de ir a los salones de Italia, de Londres y de París y copiar, porque los derechos de fabricación cada vez son mas globales. Y por otro lado, nosotros siempre hemos visto a los industriales como unos pesados que sólo van a por la pasta, y en el fondo son nuestros clientes. Por supuesto, nuestro destinatario final es el usuario, pero el primer cliente es el industrial. Si no tienes industrial no existes, puedes dedicarte al arte, o puedes dedicarte al diseño de vanguardia y hacer cuatro cosas, que está bien, porque especulas, es como la alta costura pero, ¿y luego el Prêt a porter? El Prêt a porter necesita a alguien que lo produzca, y creo que este año ha habido una especie de romance, que a ver si dura, entre los diseñadores y los industriales. Ellos se han dado cuenta de que nos necesitan para situar sus productos en el mercado, y nosotros nos hemos dado cuenta de que sin ellos tampoco tiene demasiado sentido funcionar, así que más vale que no nos peleemos demasiado.

¿Estáis contentos con el resultado del año?
A nivel de institución del FAD sí, estamos muy contentos. Este año se ha hablado más y mejor del diseño que en los últimos 20 ó 30 años. Digo más y mejor porque los medios nos han hecho mucho caso, ha habido mucha repercusión y además se ha hablado con una cierta propiedad del diseño, no hemos caído otra vez en los tópicos “el diseño frívolo, el diseño es algo que no sirve para nada”. Este año, afortunadamente, los medios de comunicación y la gente en general ha empezado a hablar del diseño con bastante propiedad, incluso exigiéndonos respuestas a problemas concretos, y está muy bien, porque es lo que nos toca. Por ejemplo, ha coincidido que este año ha sido el año europeo de los discapacitados, y hemos acudido a bastantes debates, tanto en el colegio de arquitectos como en las radios o en televisión, sobre qué soluciones podemos aportar desde el diseño a la gente con discapacidades. Eso empieza a ser interesante.

He visto que hacéis mucho hincapié en la diferencia entre “diseño” y “de diseño”...
Sí, porque el concepto “de diseño” es muy raro, imagínate que dices: “He ido a ver una película de cinematografía”, es obvio que es de cine, o “Me han hecho una operación de medicina”, claro, de qué va a ser. Pues las cosas están diseñadas, no tiene sentido decir: “Es una silla de diseño”. ¿La que tú dices que no es de diseño no está diseñada? Está diseñada igual, quizás peor, quizás la impronta del autor es mas anónima... Pero muchas veces necesitas eso. Si tú tienes un auditorio, y metes 300 sillas de éstas, la silla Toledo, (Señala una silla de terraza) es horroroso, se te llena la cabeza de sillas, necesitas sillas mas anónimas para que sean un paisaje y no las veas. Esto del “de diseño” ya no funciona. Lo que sí que sigue existiendo es el diseño de autor, como el cine de autor. Afortunadamente, lo del “de diseño” empieza a desaparecer.

¿Puedes hablarnos un poco de alguna de estas 400 actividades que habéis realizado?
Está el núcleo fuerte del año del diseño, que son las actividades que decidimos hacer desde la junta directiva. Son unas 20 actividades grandes, como las “Gráficas ocultas”, que trataba del diseño gráfico mas underground desde los 60 hasta ahora. Otra, Racons públics, ha sido una de mejores actividades que hemos hecho, porque ha habido una participación muy alta. Eran rincones de la ciudad que no están resueltos, y lo que intentamos fue elegir unos cuantos rincones de éstos, sobre todo de Ciutat Vella en esta primera edición, y proponerle a todo el mundo que hiciera propuestas. De esas se han elegido tres de cada convocatoria, ahora se tomará la decisión final y hay un cierto compromiso por parte del distrito de Ciutat Vella de que construir los proyectos ganadores. Otra cosa potente ha sido lo de Barraca Barcelona, que era un proyecto donde se analizaba el problema de las barracas en la ciudad. En Barcelona tenemos una situación curiosa: tenemos barracas pero no se ven. Son barracas verticales, pisos en los que en vez de vivir cinco personas viven quince, gente que alquila los terrados para dormir en verano, gente que alquila los patios interiores... una cosa brutal. Entonces, después de detectar este problema, lo que se decidió fue que el concurso Habitàcola, que se hace cada año para estudiantes de diseño de interiores y arquitectura, este año tuviera el tema de las barracas como leit-motiv. Primero se hicieron unos debates, pera informar a los estudiantes de como iba el tema, se hizo un concurso, y el premio del concurso fue hacer un workshop con una serie de arquitectos reconocidos sobre el tema de la barraca. Los resultados han sido bastante potentes, y como colofón invitamos a todos los candidatos a la Generalitat a que nos explicaran su política de vivienda. Sólo vino el Saura, y los demás mandaron a su experto en el tema, pero estuvo bien, porque en un entorno neutral como es el FAD, y sin discutir, porque cada uno exponía media hora y no se encontraban, pudimos ver en un día qué pensaban sobre vivienda las diferentes opciones políticas. También hubo una exposición que se llamaba Objecte que estuvo muy bien y pasaron casi 70.000 personas a verla. Aparte hay muchas otras cosas, como congresos, pero éstas están bastante bien como potentes. Podríamos citar también la exposición del Tusquets, la que te decía de COCOS...

¿Han tenido una buena acogida entre el público?
Yo diría que sí, no sólo porque sólo a las exposiciones han acudido millón y medio de personas, más las de los congresos, sino porque he visto que al principio la gente nos hacía preguntas típicas de lo del “de diseño” y ahora ya es distinto, la gente te pregunta cosas mucho más cercanas, que es lo que tiene que ser. Pero como ha habido esta dispersión de 400 actividades muy distintas, somos conscientes de que el impacto que ha habido en la sociedad ha sido menor al del año Gaudí, por ejemplo, o el Dalí, porque estos nombres están tan grabados en el imaginario colectivo que no tienes que hacer casi nada para que la gente sea consciente. También es verdad que nosotros teníamos menos dinero en campañas de comunicación. Por otro lado, había otro cierto divorcio entre los jóvenes y la elite del diseño, y este año el público que ha asistido a la mayoría de las cosas que hemos hecho ha sido gente muy joven, y eso esta de puta madre porque, aparte de una cierta labor didáctica, ellos van a ser los profesionales del futuro.

El Año del diseño ha partido de aquí, de Barcelona, pero ha tenido representación en otras ciudades...
Barcelona era la sede, y en el tema del diseño es lógico, porque Barcelona es la ciudad española con más tradición en este sentido. El Año del diseño parte del centenario del FAD, y lo primero que dijimos fue: “No queremos mirarnos al ombligo en el FAD”. Vamos a hacer un libro, pero hemos huido de los acontecimientos tipo “el FAD es estupendo”. Luego transportamos lo mismo a la ciudad: “Vamos a ver qué pasa en la ciudad, pero no nos vamos a quedar ahí”. Teníamos esta pretensión, y se ha hecho lo que se ha podido. A mí me hubiese gustado que se hubiese hecho mucho más, pero si ya es difícil organizar cosas en tu propia ciudad, cuando te vas a otras ciudades es mucho más complicado, por la lejanía y por la distinta sensibilidad. Se ha hecho lo que se ha podido, pero al menos hemos salpicado un poco y hemos plantado la semilla para que en el futuro pase más.

¿Cómo valoras la situación actual del diseño?
Al ser tan amplio, no es lo mismo hablar de diseño gráfico que de industrial o de moda. Hay algunos sectores que están mucho mejor que otros, pero eso va oscilando. Aquí lo vemos en las asociaciones, que son un reflejo de lo que pasa en la realidad: si el sector está parado, la asociación también. Yo creo que Barcelona en concreto puede situarse en una red de ciudades que están bien y que son referencia en el diseño, como Milán, Ámsterdam o Londres. Cada vez más, el flujo de personas es más intenso entre esas ciudades. Aquí, en Barcelona, hay mucha gente del sur, que viene a buscar trabajo, y mucha gente del norte, que viene a buscar el sol, o lo que sea. Hay un cierto movimiento, se están creando una serie de empresas que tienen buena pinta, se está juntando gente de fuera con gente de aquí, se están creando estudios mixtos, que tienen una idea poco comercial del diseño y que están experimentando mucho, hay muchos estudios en Barcelona que se están autoencargando cosas para poder investigar, porque los clientes no se atreven o no tienen tiempo, ni ganas, ni dinero, y eso crea un buen caldo de cultivo.

¿Crees que el público está abierto a las novedades y a la creatividad en el diseño? El tema de las decoraciones navideñas, por ejemplo, creó mucha polémica...
Yo creo que está bien que haya polémica, porque eso significa que la gente detectó que pasaba algo, y eso está bien. Por otro lado, las luces son un elemento que se ha ido repitiendo durante años, y están en el imaginario colectivo, y está bien que, si alguien se atreve a cambiar algo, la gente lo ponga en tela de juicio. Otra cosa es que la gente sea más o menos abierta a los cambios. Hay un artículo sobre el tema de un arquitecto que decía que cambiar por cambiar no tiene sentido, y a veces lo que no tiene sentido es quedarte igual por no cambiar. Las sensibilidades cambian, los momentos cambian... Cuando se empezaron a poner las luces de Navidad la concepción que teníamos de la ciudad y de la tecnología era tan distinta, que quizás no tenga mucho sentido seguir con las bombillitas de siempre, aparte de que son un gasto brutal. Igual que cambian las condiciones sociales, también cambian las condiciones estéticas, y lo que es absurdo es repetir formulas para no cambiarlas. Es un poco como lo del Liceo, que se quema y hacemos uno igual. Eso es lo que es antinatural. A veces los cambios evolutivos no son tanto ganas de innovar sino cambios naturales. Si el Año del diseño ha servido para empezar un camino de renovación de los elementos ornamentales que se hacen en la ciudad, me parece cojonudo, no porque sí, sino porque toca.



Marta Franco Guallar :.
Lunes, 26 enero '04