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El Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona, dirigido por el periodista y filósofo Josep Ramoneda Molins, cumple diez años el 25 de febrero. Lo celebrará con una fiesta, aunque ya tiene la vista puesta en el futuro. En el 1994 saliamos de los Juegos Olímpicos de Barcelona y ahora se prepara para dar la bienvenida al Fórum. Durante esta década el CCCB ha sido uno de los protagonistas del Raval, pero también de toda Barcelona. No podía ser menos en una institución dedicada a reflexionar entorno a la ciudad y la cultura que, ineluctablemente, hierve en ella.Hace una década, cuando el CCCB se inauguró, no existían muchos de los equipamientos culturales que hay ahora en Barcelona y con los cuales el CCCB debe compartir la oferta cultural de la ciudad. ¿Con qué espacio se ha quedado el Centro?Efectivamente, cuando nosotros aparecimos no había muchos de los equipamientos que hay ahora. De hecho, todos eran equipamientos olímpicos que resultaron ser postolímpicos y se dio la paradoja de que el único que no era olímpico, el
CCCB, fue el primero que se inauguró. Sea como sea, el hecho de estar en un estado casi de monopolio probablemente nos facilitó la entrada y la inserción en la ciudad, y muy rápidamente nos convertimos en un lugar bastante central de la vida barcelonesa. Siempre digo que la aparición de otras instituciones nos ha permitido ganar más libertad. Lo digo en el sentido de que ahora somos más libres para ser como queramos ser porque no tenemos la angustia de pensar que si algo no se hace aquí, no se hará en ningún otro lugar. Ahora las cosas se pueden hacer en otros centros y nosotros podemos hacer lo que realmente distingue a un centro con vocación de creador cultural: hacer exposiciones de creación propia. Actualmente ya casi solo hacemos exposiciones de producción o coproducción propia. Lo mismo sucede con los grupos asociados que acogemos. Antes, te sabía mal decir que no a alguien porque equivalía a dejarle sin saber adónde podía ir. Ahora si lo haces no pasa nada, porque puede ir a muchos otros lugares. Hemos ganado en libertad y también en exigencia: lo tenemos que hacer mejor y debemos inventar más. Y cada vez que nos damos cuenta de que otros han hecho algo que antes solo hacíamos nosotros, significa que tendremos que inventarnos otras. Esta es un poco la lógica en la que me sitúo.
Se ha anunciado una ampliación para 2005. ¿Significa que el espacio se ha hecho insuficiente?Si, nos hacen faltan algunos elementos importantes: una sala grande donde quepan 500 o 600 personas y que permita llevar a cabo un tipo de actividades autofinanciadas -ahora es muy difícil hacerlo, ya que no podemos poner más de 200 o 300 personas-, necesitamos también una sala polivalente y grande, una sala plató para actividades de pequeño formato, ampliar las aulas y ganar espacio para nuestro centro de documentación.
Por cierto, ¿qué le sucederá al muro de graffiti que hay enfrente del CCCB cuando se inaugure la facultad de la UB que está en construcción?Cuando se inaugure la facultad derruirán el muro, evidentemente. Pero hemos estado en conversaciones y me imagino que podremos hacer otro muro aquí detrás, en la plaza Coromines, para que estos grupos de artistas tan bien organizados puedan seguir haciendo sus intervenciones. Digo lo de bien organizados porque en una cadencia temporal determinada aparece una cosa y al cabo de unos días llega otro y pinta encima, y ya está, nadie se queja y no pasa nada. No veo que se genere nunca ningún conflicto, supongo que debe ser una cadencia pactada...
Para conmemorar la década el CCCB celebrará una fiesta. ¿En qué consistirá?Será una fiesta dentro de la austeridad que caracteriza a esta casa; no somos ni amantes del protocolo ni nos gustan demasiado los discursos e inauguraciones y cosas de esas. Será una fiesta convencional: a partir de las ocho de la tarde habrá copas y alguna cosa para tomar, música con dj’s, actuará un grupo del Raval que se llama
08001,... Y así pasaremos el atardecer, con los amigos que vengan a celebrar el aniversario. Las exposiciones estarán abiertas y habrá diez pantallas que sintetizarán mediante un vídeo los diez años del
CCCB, cada una dedicada a un año. El sábado y el domingo será jornada de puertas abiertas, para que los visitantes puedan ver las exposiciones y los vídeos.
Hace unas semanas afirmaste en un periódico: "soy partidario de desarrollar un cierto cosmopolitismo catalán, aunque eso suene a contradicción". ¿Podrías explicarnos?Mi intención y mi postura respecto a este tema siempre ha sido la misma. Yo no soy relativista; creo que hay algunos valores universales y que, sobretodo, podría haber unos mínimos derechos universales compartidos. No creo demasiado en el multiculturalismo. Creo que, fundamentalmente, de cultura hay una y que al fin y al cabo todo son diferentes modulaciones de esta misma cultura. Ninguna de estas da derecho a ninguna exclusiva ni obliga a nada a nadie. Estamos en un país que a veces, me parece, tiene cierta tendencia a mirarse a si mismo. Tenemos una cierta tendencia al ensimismamiento, por eso me parece muy necesario mantener la perspectiva global. Pero, aún más que eso, creo necesario hacer el acto voluntarista de querer tener voz y ser actor en esta perspectiva global. Al mismo tiempo, eso no quita el hecho de que estamos en un lugar concreto y que seguro que hay cosas de este lugar que nos impregnan. Empezando por el hecho de que estamos en el Raval, siguiendo porque estamos en Barcelona y siguiendo porque estamos en Catalunya. Esta es la idea que yo quería expresar mediante este juego de palabras del "cosmopolitismo catalán". En buena parte de lo catalán hay cierto escepticismo... Cuando el catalán no se pone demasiado formal -para decirlo de algún modo-, hay cierto escepticismo que a mi me parece interesante en los tiempos que corren.
Esta debe de ser la forma de situar el CCCB dentro de la escena internacional de centros culturales...Con el tiempo nos hemos hecho un lugar dentro de nuestra actividad. Primero teníamos una preocupación principal: situarnos en el mapa de Europa. Por varias circunstancias favorables lo conseguimos temprano; nos ayudó el perfil de ser un centro que trabaja entorno de la cuestión urbana. Actualmente, una línea estratégica básica es abrirnos hacia unos territorios que no son los más cultivados aquí -para decirlo de un modo-, como son los antiguos países del este, África y Latinoamérica. Sin que eso signifique que dejamos de mantener la relación y hacer actividad con las metrópolis tradicionales de la cultura occidental. Pero nos esforzamos en tratar de tú a tú y como actores en el mismo plano a todo tipo de cosas que vengan de cualquier procedencia. En estos años creo que nos hemos hecho un puesto en el mapa cultural europeo. Curiosamente, es probable que el lugar donde vamos más retrasados sea España, pero bueno, esto forma parte de los vicios: ya nos conocemos unos y otros, y siempre es difícil que una cosa catalana entre con facilidad en Madrid, y viceversa.
Las 3 "C" del CCCB, además de Centre de Cultura Contemporània, pueden significar Cultura, Ciudad y Creación...Una vez hicimos este juego de palabras en un prospecto, pero en realidad
CCCB quiere decir Centre de Cultura Contemporània de Barcelona. Pero sí que Cultura, Ciudad y Creación es una forma de sintetizar el espíritu de esta casa.
¿Se podría afirmar que en estos diez años se ha prestado más atención en el aspecto "ciudad" y ahora se abre una etapa dedicada a la "creación" y la producción?En cierta forma sí. Aunque no dejamos en absoluto este signo de identidad nuestro que es la cultura urbana. Hoy en día, "creación urbana" casi es una redundancia: no hay creación que no sea urbana en el mundo actual. Puede parecer que vamos más allá, cuando en realidad no nos vamos tanto... Sea como sea, a pesar de que en algún momento dado parezca que el tema urbano está menos presente en las exposiciones, lo está más en otras actividades como por ejemplo cursos, conferencias, centro de documentación, debate y todo eso. En estos ámbitos el tema urbano es muy importante. Acabamos de poner en marcha un par de redes internacionales centradas en el tema urbano; una europea sobre espacio público y otra global en conexión con Yale, Bombay y Johannesburgo acerca del impacto de la globalización en las ciudades.
¿Para tí qué es la cultura?¡Uf! Creo que no hay otro concepto acerca del cual existan más definiciones... Desde la clásica de Hegel: "la cultura es la forma de hablar, trabajar y desear de un grupo colectivo" hasta la concepción que entiende la cultura como aquellos hitos simbólicos que marcan los puntos de referencia de una comunidad, una persona o una ciudadanía. Es muy difícil hacer una definición estricta de cultura. Yo me contentaría con invertir un poco los papeles y decir que las sociedades deberían entender que la cultura es un bien de primera necesidad. Quizá diciendo esto parecerá que estoy acotando un poco el tema, pero me permite hacer una cosa a mi entender importante en las sociedades: relacionar cultura con una prioridad absoluta: la enseñanza. Si tienes un nivel de educación muy fuerte todo lo demás -sea la definición que sea- se dará con creces, empezando por la creación. Si tienes un país de un nivel cultural alto, el nivel de creatividad también subirá.
Se está preparando una gran exposición en colaboración con el Fórum sobre la guerra. ¿Podrías avanzarnos algo de ella?Sí, es una exposición importante; en dimensiones, probablemente es la más importante que hemos hecho en esta casa. No la podríamos haber hecho de tanta envergadura sin la ayuda económica del
Fórum 2004.
En guerra se trata de una exposición sobre los confictos en el s. XX y el XXI, pero es una exposición temática, es decir, no está organizada cronológicamente sino alrededor de cinco grandes ejes ámbitos: la socialización de la violencia, la construcción del enemigo -paso previo a cualquier guerra, ya sea próximo o lejano-, las hostilidades de la guerra -la batalla, el bombardeo,...-, el mañana -la victoria, la derrota, la paz, la reconstrucción,...- y, finalmente, la memoria. El material es muy variado, desde obras de arte hasta material de ejércitos del mundo o imágenes y reportajes fotográficos. Es una exposición comisariada por tres personas -que suponen un equilibrio para mí muy interesante-, son: José María Ridao -diplomático y buen conocedor de estos temas-, Francesc Torres -artista que ha trabajado mucho en cuestiones de memoria y de arqueología de la guerra- y Toni Monegal -profesor de Historia del Arte Contemporáneo de la UPF-.
En una reciente entrevista advertías del peligro de que los centros culturales de Barcelona se convirtan en una simple atracción turística...A mí me parece fantástico que vengan turistas y que Barcelona se convierta en una ciudad de turismo cultural, pero me parecería un error que el turismo fuera en un criterio de programación. Hay cosas que son turísticas caiga quien caiga como
La Pedrera, el Parc Güell o el
Museo Picasso. Sencillamente, son reclamos turísticos. Está muy bien que funcionen y que la gente venga y los vea; independientemente de lo que programen seguirán siendo una atracción turística. Pero hay otros que, aunque está muy bien que tengan público extranjero, creo que su criterio de programación tiene que ser realmente cultural, no pensado para un visitante ocasional -aunque estoy encantado de que venga- sino para el consumidor real de cultura. El que está aquí todo el año, viene, repite y busca unas cosas determinadas. El criterio debe ser creación y divulgación, pensando en criterios culturales más que "¿ahora qué vamos a hacer que pueda atraer el máximo de turistas posibles?". Afortunadamente tenemos bastantes cosas fijas en esta ciudad para que los turistas vengan. Al
barrio gótico siempre vendrán; no hace falta que condicionemos todo lo otro. Al contrario, cuanto más auténtica sea la vida cultural que les ofrezcamos, mejor será el complemento y más posibilidades habrá que las visitas duren más días.
Precisamente ahora se cumple un año de las manifestaciones en contra de la guerra, unas de las más multitudinarias de la historia de la ciudad. ¿Queda algo de aquello?Sí, muchísimas cosas. Entre otras, seguro que quedan muchas organizaciones dispersas que no conocemos de gente que se ha seguido encontrando,... Toda aquella gente no podía estar junta más de una semana o quince días, porque son personas con intereses y visiones del mundo de lo más variado. Ahí había desde radicales antisistema hasta liberales absolutamente representativos de lo que sería cualquier partido de derechas europeo o americano. En medio de esto, muchísima otra gente de todo tipo más allá de un punto de coincidencia que era el de no querer una guerra absurda, aquí se terminaba y aquí empezaba todo. Creo que a este tipo de grandes manifestaciones coyunturales -que unifican a gente muy variada entorno de un acontecimiento muy importante y grave- no se les debe pedir lo que no pueden dar. Buscar consecuencias políticas a esto es confundir la realidad. El día después del Mayo del 68 la derecha francesa ganó las elecciones por la mayoría más aplastante que ha tenido nunca. Y nadie duda de la influencia que tuvo el Mayo del 68 en la segunda mitad del s. XX. En fin, estoy seguro de que todo eso deja poso, y también de que la idea de una opinión pública europea está más afirmada que antes.
En "Después de la Pasión Política" te muestras comprensivo hacia cierto desencanto o escepticismo de muchos jóvenes respecto a la política. ¿Como se traducirá este sentimiento en el futuro, cuando esta generación sea adulta?Pues no lo sé, se me hace difícil imaginar como reaccionarán delante de las situaciones unas generaciones que han tenido un recorrido vital significativamente distinto al mío. Lo que sí tengo claro es que el hecho de que hayan convivido en una especie de desencanto y desinterés de la política no tiene para qué ser determinante de nada. En el fondo, la política aparece cuando la gente comprende que es una buena manera -o la única- para poder resolver los problemas que nos conciernen a todos. Quizás durante un período la política no ha demostrado ser lo suficientemente eficiente para esta exigencia. Pero, en la medida de que los problemas permanezcan, los mismos que ahora ven la política como algo lejano comprenderán que o se afronta la cuestión de una política por un lado más decente y por otro más eficiente o caeremos hacia un lado u otro, es decir, una dictatorial o el descontrol.
Tengo la sensación de que, si no vamos con cuidado, el mundo se dirige hacia una especie de "apartheit", y ya sabemos como terminan los "apartheits". A mí el mundo actual me recuerda mucho a Suráfrica: hay un 20% que lo tiene casi todo y un 80% que no tiene casi nada. Además, este 20% vende y exporta los valores de los derechos humanos y el 80% restante no toca nada de todo eso, ni tampoco nada de la riqueza. Esto es sostenible por un tiempo limitado, creo. Cuando un 20% lo tiene todo y un 80% no tienen nada, o el 80% se levanta y pone la situación patas arriba o el 20% envía a la guardia civil. En la historia siempre ha ido así.
En el prólogo de "Del tiempo condensado" escribiste una frase contundente que dice: "el ideal más grande que la humanidad ha planteado sigue siendo el mismo: que cada uno de los hombres y mujeres sea capaz de pensar y decidir por sí mismo".Si, de eso estoy absolutamente convencido. Este es el ideal de la Ilustración definido por Kant. Yo estoy absolutamente convencido. A mí, de todos los proyectos ideológicos, religiosos y políticos que he oído hasta el día de hoy, no ha habido ninguno que me pareciera más digno ni más noble que este. Para mí no hay otro objetivo que la emancipación de las personas. La emancipación de las personas significa que cada uno sea capaz de pensar y decidir por si mismo.
Joan Pla i Vivoles :.
Jueves, 19 febrero '04