Desde el comienzo queda clara la actitud positiva y comunicativa del grupo
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21.50. Ya hace un rato que la sala Apolo está llena y la expectación por ver a los barceloneses en directo se evidencia en gran parte por el heterogéneo público que, con una sonrisa y los ojos clavados en el escenario, baila de manera instintiva las bases electrónicas del hilo musical previo a la actuación.
Se respira la predisposición a pasar un buen rato y la atmósfera parece la adecuada. Al fin y al cabo, Sidonie juegan en casa y vienen con un nuevo disco, Shell Kids, su debut con SONY tras su etapa con la independiente BIP BIP Records.

La música se para, las luces se apagan, la gente silba. Unos segundos de rigor y aparecen los tres barceloneses en escena con su look Rolling Stones de los setenta (a destacar el híbrido entre Keith Richards y Tina Turner que es Jesús Senra, y Axel Pi, que parece el hermano pequeño de Iggy Pop) y paso firme. Cigarro en la boca y vaso de vodka en mano.

Desde el comienzo queda clara la actitud positiva y comunicativa del grupo; sonríen, saludan, gesticulan... Enseguida parecen tíos simpático. Jesús arenga al público con sus movimientos y bailes compulsivos y Marc saluda, dice algo ininteligible y un, dos, tres, a sus puestos, empieza el concierto con su televisivo single On the sofa.

El sonido es bueno y el volumen alto sin llegar a ser molesto. Como pasa con muchos de los actuales grupos de 'pop-rock', Sidonie suenan mucho más potentes en directo que en el disco. La distorsión de la guitarra es mucho más cruda y el bajo tiene más presencia. Los tres componentes son auténticos "showmen" y parecen estar pasándoselo igual o incluso mejor que el público, lo cual ya es un gran mérito. Entre las canciones se ríen, dicen gilipolleces, hablan con el público, cuentan anécdotas, chistes... Se les ve sueltos, contentos y con una gran capacidad para combinar el colegueo humorístico con el público con la actitud de estrella del rock.

Las nuevas canciones mezclan riffs rockeros, melodías beatleianas y bases rítmicas contundentes. Pero lo que más llama la atención y más personalidad le da al directo es la experimentación. Las bases y sonidos electrónicos están muy presentes y, de vez en cuando, los barceloneses juegan con instrumentos como el sitar, las percusiones y los vientos. Todo ello, mezclado con la excentricidad y el humor surrealista del grupo (aparición en escena del astronauta, del alienígena, de una boa de plumas y de dos Spidermans espontáneos) hace que el concierto se convierta en un espectáculo, no sólo en el sentido musical.

La actitud de cachondeo gamberro atrapa a un público que ya está totalmente entregado. El concierto es una fiesta y a la derecha de la sala un tipo baila y canta sobre una mesa totalmente extasiado.

El calor sube, el aire se espesa y los temas van cayendo... Multitud de hits potenciales como Bla, bla, bla, Just call it rock'n roll o Cousteau's Zodiak, y algunos interludios funk y disco, muy a lo Primal Scream.

A lo largo del concierto destaca la cantidad y la calidad de la improvisación. Muchas veces los temas se modifican, se conectan entre sí y se van tensando y destensando, demostrando que, por encima de estribillos pegadizos, alter egos delirantes y personalidad, Sidonie tienen, ante todo, un alto nivel como músicos y pueden convertir canciones de estructura sencilla y fácil escucha en piezas musicales complejas. Y eso es lo que consiguen los buenos grupos o, por lo menos, los buenos directos.

Lleno en Apolo, casi dos horas de diversión, sonrisas, camisetas sudadas... Un muy buen concierto.



Yurka Griemsmann Peidro :.