Poeta en Nueva York surgió de mi necesidad de hacer un Lorca, porque yo soy de las tierras granadinas
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Rafael Amargo nació en 1975 en Granada bajo el nombre de Jesús Rafael García Hernández. Con sólo nueve años comenzó su formación en el arte del flamenco, y sus estudios le han llevado a sitios tan distintos como Madrid, Japón o Nueva York. De entre su larga lista de maestros destacan Alejandro Granados, La Chunga, Manolete, María Rosa, Antonio Canales, Adrián Galia o Maite Galán. Su primer montaje propio fue ‘El ángel y la gala’, en 1997, con la joven bailaora Eva la Yerbabuena. Desde entonces no ha parado de trabajar y ahora representa en Barcelona dos de las obras que mejores críticas han conseguido: ‘El amor brujo’ y ‘Poeta en Nueva York’. Charlando en su camerino pocas horas antes de la representación, esto fue lo que nos contó:

Para empezar, cuéntanos a qué edad decidiste que lo tuyo era estar sobre las tablas de un escenario.
Pues cuando era muy joven. Ya desde pequeño apuntaba formas, no sé si de bailarín pero sí de artista. Me gustaba cantar, bailar, interpretar... de todo. A los nueve años vi la película Flamenco de Carlos Saura y le dije a mi padre que quería ser como ese hombre, Antonio Gades. Y él dijo: “¡Pues venga, vamos a apuntarte!”. Me apuntó a una escuela de baile y hasta ahora, mira dónde estamos.

Y sólo siete años después decides irte a Madrid... ¿qué fue lo que te llevó a macharte?
Pues mira, porque todo lo que tenía que hacer en Granada ya lo había hecho. Se me quedó pequeño, sentí que eso se me acababa y se me quedaba corto, así que de repente decidí irme a Madrid a buscarme la vida. Un día pasé por delante del Teatro Calderón, donde se representaba la ópera Carmina Burana. Entré y, viendo las fotos de la compañía, reconocí a uno de los bailarines: era de Granada, un chico mayor que yo, y había estado en mi escuela. Justamente le esperé en la puerta y hablé con él, cuando ya se iba. Al día siguiente hicieron una audición... cosas del destino. Me cogieron y ya me metí ahí, donde empecé a conocer gente.

De entre todos los mentores que has tenido en estos años, ¿de cuál de ellos guardas un recuerdo especial?
Yo me llevo muy bien con todo el mundo con el que he trabajado, respeto mucho a toda la gente pero guardo un recuerdo especial de Alejandro Granados, del maestro Ciro, del maestro Granero... básicamente de ellos tres.

En alguna ocasión, y con motivo de tus viajes a Japón, has comentado que lo flamenco y lo japonés tienen mucho parecido, ¿en qué encuentras esas similitudes?
Parece que no pero sí que tienen mucho que ver. Primero de todo porque son unos grandes amantes de la cultura flamenca, de España, de su educación... Copian el flamenco que, aunque ellos lo consideran folklore, yo lo considero un arte de este país. Han cogido también la idea de la siesta, hay muchas empresas que paran una hora después de comer para dormir la siesta... Es decir, nos copian en muchas cosas. Yo creo que tienen mucho que ver en el sentido de que, cuando celebran algo, son muy fiesteros, muy extrovertidos para lo que es su país. La diferencia es que ellos son más disciplinados que nosotros.

Tus viajes te llevaron también a Nueva York, ¿qué tal esa experiencia con Martha Graham?
Muy bien, fue durante una época en la que me fui allí a vivir. Yo estaba dando clases de flamenco para ganar dinero, pero quería aprender y estudiar, así que me puse a estudiar clásico y a tomar clases de contemporáneo. Allí conocí la técnica Graham y me divertí mucho, era muy descarado y me metía en todas las clases, no cogía ni un paso... Cuando estaba allí no me di cuenta, pero cuando llegué vi que había aprendido un montón de cosas.

Hablemos ahora de los espectáculos que estás representando en Barcelona. ¿De dónde surgió un proyecto como Poeta en Nueva York?
Poeta en Nueva York surgió de mi necesidad de hacer un Lorca, porque yo soy de las tierras granadinas, del mismo pueblo que Lorca, Valderrubio y Fuente Vaqueros, por parte de mi madre. Revisando la obra de Lorca me encontré con Poeta en Nueva York, la última obra completa que él había escrito y la que más se identificaba con el Lorca que yo quería contar. Un Lorca que no fuese contado desde la Andalucía natal, sino contado desde otras fronteras, con casi las mismas experiencias y vivencias que yo había tenido. Fueron diferentes, por supuesto, pero equilibradas en el sentido de que eran fuera de mi tierra, de donde había vivido.

Pero hay obras de Lorca con mucha más dramaturgia, más intensas...
Sí, pero precisamente no quería eso. Podría hacer una versión de La casa de Bernarda Alba con mi toque, que no descarto hacerla, pero cada cosa es la época en la que la cuentas. Ahora estoy más sereno y me apetece contar cosas más serenas. Cuando monté Poeta en Nueva York me gustó porque no tenía dramaturgia ni argumento, era un ballet abierto. En ese momento era lo más Amargo dentro de la obra de Lorca.

¿Y sobre El amor brujo?
El amor brujo fue un encargo que me hizo la Quincena Musical de San Sebastián, pero yo no quería hacer un clásico, porque es reiterarse. Creo que lo que hay que hacer son obras tan buenas que, con el tiempo, queden también como clásicos, porque si no nos vamos a pasar toda la vida bailando lo mismo.

¿Cómo valoras la reacción del público aquí en Barcelona?
Muy bien, el público catalán lo que tiene es que es muy fiel, cuando viene a ver una cosa que le gusta repite siempre con el artista. Cuesta que entre, pero cuando entra y lo consigues ya sabes que es un público fiel, se quedan enganchados.

¿A qué crees que se debe este auge actual del flamenco a nivel mundial?
Yo creo que, aunque el flamenco sea un arte español, es un arte mundialmente abierto. Es una de las danzas más ricas, más fuertes, de las más raciales que hay... yo creo que por eso no pasa desapercibida. Creo que el contemporáneo es más universal, pero el flamenco es más de nuestra tierra, es una arte con mucha magia y mucho duende donde el artista pone toda la carne en el asador. Por ejemplo, el ballet clásico puede resultar en algún momento como más frío, más de virtuosismo, pero el flamenco es más de rompe y rasga. Yo creo que a la gente lo que le gusta es precisamente eso.

¿Qué referentes tiene Rafael Amargo como artista?
Pues la verdad, no hay nada como ver un buen vídeo de Carmen Amaya.



Josep Puy i Curiel :.
Martes, 24 marzo '04