Hay mucha gente que ha dejado una parte de su vida en la Fura dels Baus
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La Fura dels Baus ha cumplido sus primeros 25 años de vida, durante los cuales esta compañía teatral -si es que puede llamarse así- ha realizado 2.500 representaciones esparcidas por cuatro continentes y han sido vistos en directo por más de 3 millones de personas -sin contar los Juegos Olímpicos de Barcelona, claro-. Todo esto lo explican sus directores artísticos en un libro de gran formato que incluye un DVD, "La Fura dels Baus. 1979-2004" (Electa). Pep Gatell (Barcelona, '58) es uno de ellos, los otros: Pera Tantiñà, Carles Padrissa, Àlex Ollé, Jürgen Müller y Miki Espuma. Teatro digital, cinco óperas, una película... muchas veces rodeados del escándalo. Su última locura se llama Naumon, un rompehielos de 60 metros de eslora que han habilitado para llevar su espectáculo alrededor del mundo. Durante el 2004 dará una vuelta por el Mediterráneo; empezaron por Génova y pasarán por Atenas, Beirut... y el Fórum.

¿Qué queda de la Fura de hace 25 años?
Para empezar, no somos los mismos, tres cayeron por el camino; pero los seis que quedamos somos cofundadores.

¿Y qué hay de la esencia?
La esencia es la misma... más que nada porque no sabemos hacerlo de ninguna otra manera. Para decirlo de algún modo, todo lo aprendimos en casa, ninguno de nosotros fue a estudiar. Lo que sí ha cambiado es la forma de desarrollar los espectáculos: ahora somos unas cuantas Furas a la vez. Por ejemplo, Àlex, Carles o Pera trabajan a menudo con actores y colaboradores externos, dependiendo de lo que necesiten. Pero la esencia de cómo se construye cada espectáculo continúa siendo la misma. El diálogo, la fricción y la libertad de decir cada uno lo que piensa continua igual.

Lo que sí ha cambiado es la concepción de las instituciones hacia vosotros, es decir, de aquellos que os contratan...
Sí, pero yo no diría que ha cambiado mucho económicamente... bueno, quizá ahora que hemos cumplido 25 años se han estirado un poco más, pero tampoco podemos saltar de alegría. Tenemos que luchar cada día y buscarnos la vida.

Pero empezasteis con un carro y una mula yendo de pueblo en pueblo, y ahora tenéis un rompehielos con el tenéis previsto dar la vuelta al mundo... un cambio de escala bastante heavy.
En 25 años suceden muchas cosas... empezamos con una mula porque era lo que teníamos. El rompehielos que hemos comprado era muy barato, pura chatarra, casi valía más el hierro que el barco en sí. Lo más caro ha sido arreglarlo para habilitarlo; hacerlo accesible a la gente y crear una especie de teatro adentro.

Por cierto, ¿qué tal fue el espectáculo de fin de año en Génova? ¿En qué estado llega el Naumon a Barcelona?
La de Génova fue una fiesta para cien mil personas y, la verdad, no teníamos pensado un espectáculo para tanta gente; pero tuvimos suerte porque habían otras cosas para celebrar el fin de año. En todo caso, la gente se lo pasó muy bien. Es el primer año que lo tenemos y estamos sufriendo un poco la novedad. Vamos aprendiendo sobre la marcha, me refiero a los aspectos técnicos del barco: cómo se ilumina, cómo se ubica en un puerto, qué debe haber dentro y fuera... Estamos pagando la inexperiencia a nivel de energía y de dinero, pero es normal. Creo que el Naumon estará maduro dentro de cuatro años, hasta entonces no nos habremos acostumbrado a él ni le sacaremos un rendimiento de explotación. De momento somos unos pardillos con el barco, pero cada día irá mejorando.

La Fura siempre habéis ido acompañados de la transgresión, la polémica casi se ha convertido en un distintivo de la compañía...
La vida transgrede cada día. Hay muchas cosas que te ponen violento y muchas otras que te enamoran. Nosotros -y en general los que nos dedicamos a crear espectáculos para que los vea la gente- reflejamos una selección de escenas que ocurren cada día. Cuando nos hemos enfrentado a obras clásicas no lo hemos hecho para trasladarlas a un nivel museístico, sino que las hemos incorporado a nuestra forma de ver la vida mediante herramientas usadas cotidianamente. Eso provoca que el lenguaje de la Fura sea contemporáneo, a veces violento, pero otras muy poético... así es la vida.

¿Cómo es la vida?
Es muy rica. En nuestra época te suceden decenas de cosas diferentes en un día. En la de nuestros antepasados los cambios se producían con más lentitud en el tiempo pero ahora los contrastes son muy grandes. Los espectáculos tienen que reflejar la media del tiempo actual para que sean atractivos y la gente se sienta identificada.

Entonces, ¿la polémica no es nada premeditado en La Fura?
A priori no nos interesa. Hay artistas que creen que la polémica es un valor en sí mismo, nosotros no. Lo que nos importa es la historia; que luego termine siendo polémica es algo que surge del roce del equipo creativo, de la ceremonia de fricción a la hora de crear. Desde que uno de nosotros dice "quiero hacer esto" hasta que el espectáculo sale a la luz median treinta críticas, y es esta fricción aquello que enriquece nuestro lenguaje. Lo que ve el espectador es una piedra pulida. La polémica no es nada premeditado, al igual que tampoco nos fijamos en lo que está de moda. Es más, a veces creamos polémicas olvidadas; cuando tomas un clásico te das cuenta de que en otros tiempos las polémicas eran las mismas pero en otro formato. Al fin y al cabo las polémicas son cuatro: amamos, odiamos, vivimos, morimos, cagamos y meamos... no hay nada más, los humanos somos bastante limitados. Pero claro, luego hay millones de matices para contarlo, y eso hacemos nosotros, pulir el lenguaje.

¿Con qué espectáculo de estos 25 años te quedas?
Con los que aún no hemos hecho. Siempre piensas que los mejores son los más antiguos porque a los más recientes siempre les cambiarías cosas; es precisamente esta insatisfacción lo que hace que la Fura continúe viva y con ganas de mejorar. Por eso me quedaría con los que aún tienen que venir. Con cada espectáculo mejoramos un poco, y quizá también con los años hayamos perdido ingenuidad... pero quizá no: lo del barco demuestra que aún somos ingenuos; buscar lo difícil y arriesgarse mantiene ese punto sano de ingenuidad, que es, al fin y al cabo, lo que aporta frescura y viveza a los espectáculos.

¿Cómo te gusta definiros, una compañía, un colectivo...?
Ya no sé qué somos. Es difícil definirnos... quizá una especie de fábrica creativa. No somos seis creativos que funcionemos juntos, sino seis creativos muy abiertos que trabajamos con mucha gente. Cuando La Fura empezó éramos un círculo pequeño, pero con el tiempo los anillos han crecido y han aparecido otros alrededor, que enriquecen la Fura y se retroalimentan.

¿En qué consistirá la fiesta de aniversario del próximo 15 de mayo?
Queremos juntar a todos aquellos que hayan trabajado alguna vez con la Fura. Se tratará de decirles "aquí estamos, gracias", y celebrar lo bueno y lo malo que hemos vivido juntos. Hay mucha gente que ha dejado una parte de su vida en La Fura dels Baus; unos se han enfadado, otros se han hecho novios... ¡los hay que viven juntos tras trabajar en la Fura!

¿Los Juegos Olímpicos fueron un salto importante o un espectáculo más?
Significó una nueva manera de trabajar. Hasta los Juegos Olímpicos del '92, más o menos, el círculo de La Fura era centrípeto y bastante concéntrico alrededor de un núcleo. Los Juegos Olímpicos nos obligaron a cambiar un poco de estilo. Por ejemplo, nos dijeron qué podíamos hacer y qué no, a pesar de que luego nos saltásemos un poco las normas -no es que existiera censura, pero sí que tuvimos que jugar entre dos aguas-. Otro cambio fue trabajar con un músico que no era de La Fura, Sakamoto. Además, la dimensión de todo aquello nos obligó a abrirnos como una granada e ir a buscar colaboradores para poder cumplir el reto. El formato cambió radicalmente. Antes hacíamos espectáculos para mil personas y, de golpe, nos enfrentamos a un espectáculo para cincuenta mil. Fue una bestialidad que nos obligó a cambiar de actitud.

Además os dieron publicidad...
Sí, nosotros ya teníamos repercusión en los festivales internacionales pero nuestra concepción a nivel popular creció mucho. Gracias a la mayor demanda tuvimos que crear diferentes núcleos y funcionar por separado.

¿Y ahora cuál es vuestro papel en el Fórum?
Al igual que mucha gente, no hemos entrado demasiado en toda esa historia. Creo que han cogido muchas cosas y han intentado ponerlas todas juntas. Supongo que después de este Fórum sabremos qué demonios era. Pero, en fin, es una buena propuesta para que tenga lugar y, una vez haya terminado todo, reflexionemos cómo no se deben hacer muchas cosas y aprender. Aprovechar lo bueno y deshacernos de lo malo. Pero es normal que sucedan estas cosas la primera vez que se hace algo.

¿Entiendes la crítica que se ha dirigido a la organización del Fórum por su complicidad con varias multinacionales?
Yo entiendo que las personas que han hecho el Fórum han necesitado pactar con todo el mundo. Ahora no critico el Fórum porque creo que la crítica constructiva se deberá hacer una vez haya terminado. De momento soy un espectador, colaboro con él porque me llamaron e intentaré hacerlo lo mejor posible, pero no creo que sea algo muy cohesionado... iremos a ver qué pasa. Esto no es una crítica sino una realidad. Si hacemos otro Fórum dentro de cuatro años, aquí o en otra ciudad, podremos aprender de este. Aún así, siempre es bueno hacer cosas nuevas y, además, al mismo precio tendremos un nuevo skyline en Barcelona...



Joan Pla i Vivoles :.
Viernes 23 abril '04