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Cuando se cumplen siete años de la primera Contra de La Vanguardia, Barceloca ha decidido pasarse por este diario barcelonés para ir a buscar a Víctor M Amela, uno de los tres fabricantes de entrevistas de esta famosa sección. Periodista, profesor y crítico de televisión, este barcelonés no se cansa de darnos a conocer personajes interesantes y de buscar relatos, cuentos que nos den algo de "verdad poética".Empecemos con cifras. Número de entrevistas realizadas y entrevistas que te han hecho?¿Cuántas? Pues a ver…de Contras mañana (13 de enero) hará siete años. Entonces 365x7 son dos mil y poco…Yo soy una tercera parte, con lo cual serían unas 700 más o menos. Pero es que yo ya había hecho miles de entrevistas antes, en La Vanguardia y en la revista TP.
¿En TP?Sí sí. Yo había hecho muchas entrevistas a personajes de la tele.
Mítica TP.Sí, mito total. Del 85 al 90, creo que estuve allí. Josep Maria Baget fue quien me llevó ahí. A mí me hacía mucha ilusión. Toda la vida había tenido esa revista en casa! De hecho había más gente que me leía en TP que en La Vanguardia. Por ejemplo en mi familia…me comentaban algo sobre las entrevistas y, claro, me sentía superimportante. Resumiendo más o menos yo diría que he hecho un millar de.
0_o…Es la hostia…son un montón de personas. Y en La Vanguardia hubo una época ('90, '91, '92) en la que hice una cuarentena de entrevistas más o menos que se llamaba: Líderes de comunicación. Yo que sé: Joaquim Maria Puyal, Jesús Hermida… pasaron todos. O sea que no sólo he hecho crítica en comunicación.
¿Y cuántas entrevistas has recibido?Hasta hace dos o tres años, ninguna. Pero sobre todo desde la Contra me han llamado desde las radios o estudiantes de varias facultades. Supongo que me han hecho una docena aproximadamente.
Ni punto de comparación en cuanto a porcentajes…Sí, gano por goleada.
Pese a estas cifras voy a preguntar: ¿qué prefieres, ser entrevistado o entrevistar?Sin ninguna duda entrevistar porque ser entrevistado es incómodo. Te sientes en la parte vulnerable, frágil. Él/Ella te pregunta…
Ya sabes lo que se siente.Sí, a mi no me gusta.
Un entrevistado me dijo una vez: "No me reconozco en las entrevistas". ¿Te lo han dicho alguna vez?Generalmente no te lo dicen porque, primero, no hay confianza entre entrevistado y entrevistador y, segundo, que quizás les ha pasado pero no se han atrevido a decírmelo y por lo tanto no lo sé. Pero sí que es verdad que entiendo que pueda pasar. Una vez con un personaje con el que sí hay confianza y muy buen rollo me dijo: "No me veo reflejado en lo que digo" y yo le pregunté por qué. Él me dijo: "Porque la manera en que digo las cosas en esta entrevista no es de la manera en que yo hablo". Y tenía razón porque hablamos de una manera con perífrasis, subordinadas y claro yo cojo la idea y quizás esa frase queda en sujeto+verbo+predicado. Si nadie se ha quejado es porque ninguno se ha sentido traicionado en el fondo. Pero bueno ese es el problema de la entrevista en prensa, que se tiene que editar y mucho. Porque si lo haces exactamente igual.
Sería un tocho.Como las actas de los plenos del Congreso. Creo que una de las funciones del periodista es hacerlo legible y ameno. Por eso tienes que cortar y reconstruir, aunque respetando lo que han dicho.
Por tu manera de entrevistar diría que no pero: eres amigo o partidario del entrevistador-destroyer?No. Porque no da rendimiento al periodista. El entrevistador se cerrará. Se tiene que diferenciar una entrevista de un robo a mano armada, que eso es lo que ves en según que programas de televisión o en deportes. En parte eso está producido por el factor tiempo: tienes un segundo y tienes que hacerle la pregunta más agresiva, sin preámbulos. Entonces lo entiendo para hacer reaccionar al personaje pero en una entrevista no. Deberíamos inventar algún término como asalto a micrófono armado. Tu tienes que hacer hablar al personaje y para conseguir eso has de hacer que se sienta bien.
De todas maneras, sí que hay gente que lo utiliza para sacar lo que él cree que es malo o discutible del personaje. El ejemplo de la entrevista que Lluís Amiguet le hizo a Salma Hayeck en la Contra precisamente.Sí ya la recuerdo.
Era a cuál más borde.Algunas veces te funcionará, pero en más del 50 por ciento de ocasiones te saldrá mal. Aunque sí es cierto que hay personajes que ya te entran mal y la única opción que te dejan es entrar mal tu también. Es el último cartucho.
¿Pero alguna vez te ha pasado?Recuerdo una vez en la que decidí comenzar una entrevista con un actor que yo casi no conocía, y a mí me da un poco de rabia entrevistar a actores.
¿Por qué?Porque no creo que tengan nada que explicar. Su función es hacerse pasar por otras personas. No tienen nada que decir en general. No tienen opiniones porque como siempre son otros, pues mejor que no tengan personalidad propia.
Pues a mí me gustaría entrevistar John MalkovichYo lo entrevisté. Pero cuando yo le fui a entrevistar no pensaba que fuera un actor, pensaba que era una persona interesante, interesada en el arte. Además, la hicimos en el
MACBA. Es un personaje curioso que viniendo de América se ha convertido en un europeo. Y a mí me interesaba eso. Bueno, el personaje en cuestión era Jordi Mollá. En esos momentos no lo conocía nadie y acababa de hacer una película.
¿Historias del Kronen?No, era un poco después. Pero yo estaba un poco descolgado del personaje y total que empecé diciéndole: "No sé quién es usted, cuénteme", porque me puse en el lugar de los lectores que pensarían "Y este quién es". Mucha gente se enfadó y me decían: ei pero así muestras tu ignorancia. A mí, en todo caso, me supo mal porque pensé que podía parecer maleducado pero no por la ignorancia. Yo no tengo esa vergüenza. Creo que es bueno porque a veces ayudas al lector a que se identifique contigo y que se meta en la entrevista. Sobre todo en caso científico. Y otra cosa: si hay una cosa que no entiendes no la pongas porque se notará y no lo entenderá nadie.
Clásica pregunta. ¿Quién te ha gustado más y quién te las ha hecho pasar más canutas?A mí me gustan las entrevistas en las que todo sale fluido. Pero si tengo que elegir a un personaje no sé porque yo antes de ir a una entrevista me enamoro de la persona pero claro si además me voy a un balneario de Málaga a encontrarme con Mario Vargas Llosa porque está ahí haciendo una cura…pues claro me hace mucha ilusión. Igual que ir a Atapuerca para hablar con Eudald Carbonell porque me fascinaba la figura del arqueólogo. Esas entrevistas las recuerdo con mucha ilusión porque además eran de las primeras que hacía y esa ilusión no la vuelves a tener.
¿Ahora qué es? Era una de mis preguntas: ¿no estás cansado después de siete años en la Contra?Hay un elemento de rutina pero es inevitable. No estoy cansado porque es un trabajo muy bonito. Al principio era una pequeña aventura. Pero bueno siempre me siento media hora y pienso que le preguntaría, que tengo curiosidad por saber, que me excita del personaje. Ese es el juego.
¿Y la que menos?Hay veces, poquísimas en las que he hecho la entrevista por compromiso y tu te pones la armadura de la profesionalidad pero no vas con ganas. No te digo nombres porque no tiene sentido pero no disfrutas. El resto de entrevistas como las escojo yo... Eso es un privilegio.
A mi me gustó mucho una entrevista a una profesora universitaria que había estudiado el chamanismo, diferentes formas de meditación etc…Sí, hay mucha gente interesante. Bueno, en principio, todo el mundo tiene una historia que contar.
A parte de periodista tu has sido profesor.Sí he estado en varias facultades. Casi he sido profesor durante diez años.
Vida docente bastante larga.Yo calculo que mil alumnos han pasado por mis manos, bueno quizás mil quinientos periodistas por ahí que han pasado por mis manos. Hacía teoría, crítica y análisis de la televisión. Me gustó mucho pero al final estaba muy cansado.
El número mil es una constante en tu vida…Lo que yo menos aguantaba era corregir exámenes. Yo sé explicar pero poner nota…no sabía como hacerlo.
Todos los alumnos nos preguntamos qué criterios tenéis para hacerlo.Sobre todo en una carrera humanística como esta.
A ver si aún piensas esto: "Miremos la tele con distancia, alegría y escepticismo con la leve esperanza de aprender algo".Sí. Me gusta jajajaja. Sí se ha de mirar de esta manera. Hablando con Susan Sontag en una entrevista le pregunté sobre la tele y me dijo algo que me ha servido mucho, que el público norteamericano se mira la tele con una actitud muy diferente a la del europeo. El público americano tiene muy claro que la tele es un medio de entretenimiento, de vender productos e historias. Te lo tienes pasar bien y si no cambias de canal. Aquí no tenemos esta visión.
El paradigma "nuestro" sería la BBC.Es una actitud que yo llamo oracular, del Oráculo de Delfos. Nos ha de informar, de educar. La tenemos muy metida dentro, supongo porque tenemos una tradición cultural si quieres y además aquí la tele empezó como una cosa de Estado, pública y claro somos muy exigentes con ella. Consideramos que nos tiene que dar lo mejor y que tiene que ser mejor que nosotros, un modelo de ejemplo y si los modelos no nos gustan nos ofendemos muchísimo. Con esta frase quería decir "pongámonos en medio y miremos la tele con distancia. No nos creamos todo lo que nos diga porque si no cogeremos berrinches cada dos por tres, es intrínseco, no puede ser de otra manera". Tomémosla un poco a coña. Yo siempre digo que los informativos son una rama del espectáculo que te enseña imágenes chillonas, espectaculares, que te da unos titulares pero con eso no entiendes el mundo. Para entender el mundo tienes que leer mucho y cotejar.
Yo soy fan de las soap operas norteamericanas. La tele te permite contar una serie de historias de una determinada manera que no serían posibles en el teatro. Tendrías que ir cada noche al teatro para igualar la satisfacción que te producen las soap operas cada noche. Mi actitud es "Qué maravilla". Qué a veces vamos con demasiadas expectativas sí. Pero tu no puedes ir por la vida pidiendo que todo el mundo sea el mejor.
¿Por qué te has dirigido tanto al mundo de la tele y no al del cine?Tiene muchas explicaciones eso. Por una parte porque no he sido un cinéfilo. Todos mis amigos lo han sido y a mí me hacía gracia verlos tan metidos en el tema. Yo cogí el papel de provocador, de coger distancia de la cinefilia. Como la mamé desde siempre me vacuné. Y cuando entré en la Vanguardia dio la casualidad que entré en espectáculos y concretamente en tele. Y me metí porque lo que sí he estado toda mi vida es un televidente, por generación.
Aunque a la gente le cuesta analizar la tele.Es que tampoco hay un método. Además, la tele activa la emotividad! Pero precisamente yo hice esa comparación de describir la tele como si describiera un libro. Además, lo hacía con mucha ilusión. Porque llegar aquí y que te digan: escribe… era imposible y lo aproveché. Lo hice con voluntad, con ganas, trabajando un estilo propio. Y eso cuaja, el lector lo ve. Estoy muy orgulloso. Jajajaja ahora estoy hablando de mí como si fuera…
Es lo que pasa cuando te entrevistan. Es difícil mantener la humildad.Sí jajaja. Te crees algo al final.
¿Pero tu no empezaste haciendo periodismo, no?No. Sí que lo hice. Lo que pasa es que me matriculé de Periodismo y Derecho. Pero Derecho no funcionó…iba a las clases pero no estaba en ellas. Me metí en Derecho porque pensaba que nunca me ganaría la vida con el Periodismo. Allí iba a hacer el bohemio, a pasármelo bien. Buscaba algo que me forzara a escribir porque soy muy gandul. En Periodismo leía, había debate intelectual y me lo pasaba bien. Y dejé de ir a Derecho. Me quedaba leyendo en el césped. Hacer prácticas me resolvió la vida y eso que me apunté en el último momento. Estuve a punto de ir a El País pero mi padre me dijo: "La Vanguardia está más cerca de casa". Además, pensaba que era como más casero, más cercano que no el País que venía de Madrid. Y enganché una época de rejuvenecimiento. Y puse todo mi esfuerzo aquí. ¡Y ya llevo 20 años aquí!
¿Qué buscas cuando escoges a quién escoges para entrevistar?La curiosidad.
Ok. ¿La curiosidad es lo que te mueve pero qué buscas?Una historia, un relato. Un pequeño cuento. Creo que las buenas historias son aquellas que tienen un principio-nudo-desenlace. Yo lo que busco es que el lector disfrute como si estuviera leyendo un cuento. Me interesan menos las opiniones que las historias. Quizás la historia sea que esa persona tropezó con una piedra y se rompió el brazo pero tu sabes que todo lo que diga esa persona estará impregnado, contaminado por ese incidente. Eso es la verdad poética. Algo que tiene vida propia, una emoción y eso está en las historias no en las opiniones ni en los juicios de valor.
Xènia Plaza:.
Miércoles, 12 enero '05