Hay mucha gente que puede vivir sin la militancia que nos hace falta en el folk
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Ese músico miembro del grupo El Pont d'Arcalís es una de las personas que iniciaron el Tradicionàrius, Festival Internacional de Música Folk que tiene lugar en el CAT Gracienc de Barcelona a lo largo de los tres primeros meses del año. En esta edición se podrán ver a habituales como Les Violines o otros como Eduard Iniesta, que participarán en esta iniciativa que mantiene viva la oferta de música tradicional en la ciudad.

¿Qué había en el circuito de música folk antes de '93, cuando apareció el festival?
Tenemos que ir un poco antes. En el año 88 venimos una serie de grupos, diez más o menos, que hacíamos música folk y tradicional durante todo el año nos juntamos. Casi no hay discos pero como es una música que siempre ha tenido un pequeño circuito pues iba funcionando, aunque no se hablara sobre ello. Y planteamos en el centro, que en ese momento era un centro cívico, hacer el festival y llegamos a un acuerdo. Nosotros des del primer momento no sólo pedimos un festival, que ya era un festival raro porque duraba tres meses, sino que demandábamos un punto de encuentro para que la gente que quisiera asistir a un concierto de estas características supiera dónde encontrarlo. Esto lo venimos diciendo desde el 88 pero por cuestiones de funcionamiento de la ciudad se puso sobre la mesa la especialización de los centros cívicos. Nosotros intervenimos y plantemos gestionar este centro dirigido a la especialización. Llegamos a un acuerdo y así surgió el CAT.

Y a nivel general, cuál es el momento clave para el folk en Catalunya?
Tenemos que pensar que estamos hablando de un sector minoritario. En la radio se escucha otra historia. Día a día se amplía el círculo y hablar con la prensa, hacer el festival, ayuda a que la gente entienda que la música folk es una opción más dentro de la música y la cultura de este país. Un salto cualitativo bestial no se ha producido aún, aunque nosotros también sabemos muy bien donde estamos. Pero sí, hay más gente implicada, tanto músicos como programadores.

¿Dentro del festival se ha llevado siempre la misma política?
Sí. Siempre nos lo hemos planteado como un aparador de lo que hacen los grupos durante todo el año. De una manera exhaustiva no pero si te querías a hacer una idea de lo que pasaba en el mercado folk español o catalán con el Tradicionàrius te la hacías. Sí que es cierto que hace dos años incluimos la palabra “internacional” porque hasta ese momento había sido un festival de grupos dels Països Catalans. Pero la misma dinámica de la vida provoca que haya circulación de grupos y la gente de fuera conoce el festival y hay proposiciones de grupos de otros países que trabaja este tipo de música. Y por otra parte también era una manera para enseñar que no somos cuatro gatos.

Y también para enseñar que hay gente de aquí que no sólo hace música tradicional catalana…
Sí, pero eso es inherente en este tipo de música. Catalunya es un lugar de paso. Si coges a principios del s. XX las danzas centroeuropeas, como las mazurkas, que se admiten como algo tradicional, ahora también se puede dar la misma situación. Y si ahora aquí hay otro tipo de inmigración eso también influenciará, pero necesita su tiempo. Hay una parte de los músicos que se dirigen hacia la parte atlántica, celta, y otros que miran más al Mediterráneo, zona de Turquía, Balcanes o el norte de África. Nosotros no tenemos miedo a que la gente conozca o haga este tipo de música pero también queremos que conozcan lo que hay y lo que ha habido aquí. Lo que hemos hecho es buscar un punto de contacto con la tradición y que a partir de aquí la gente invente, haga música del 2005. Si no sabemos de donde venimos no sabes porque coges lo que coges, quizás por mimetismo o por uniformización. Y ahora que se lleva lo étnico resulta que todo es bueno sin conocer lo que tienes aquí.

¿Se puede separar el folk de la reivindicación política?
No nos tiene que dar miedo decirlo. Hay varias maneras de posicionarte. Tú puedes decirlo con palabras. Esto no es lo más normal en el ámbito folk aunque ahora hay grupos que lo empiezan a hacer. Pero yo creo que la actitud, el hecho de no sumarse a esta uniformización que en cierta manera te viene impuesta, ya es una actitud política de la gente. Sí que hacemos política al reclamar que se ponga este ámbito de la música al mismo nivel que el resto de Artes del país. Muchas veces actualizamos los textos tradicionales, que normalmente vienen de una tradición rural, para que sirvan como crítica actual. De todas maneras yo creo que este movimiento, iniciado en los 80, es muy joven, como ha sucedido en otras zonas donde se ha cortado con la tradición. Todos necesitan tiempo.

Es una recuperación acelerada?
Yo creo que se tiene que hacer y que se tiene que poner al día.

Si tuvieras que promocionar la música Folk, ¿qué eslogan usarías? Porque es fácil llegar a un concierto de música engancharte pero el problema está en llegar allí.
La verdad es que no lo sé. Este es un problema de eslogan, de canales de distribución, de materiales. Hay muchos discos pero no los encuentras, en cambio ahora en Internet tenemos un catálogo con más de 200 referencias. Si lo vieras junto… Hay gente que habla de músicas mediterráneas para diferenciarlas de las atlánticas. Nosotros hemos apostado por la palabra folk, porque a nivel europeo se entiende. Otra manera es que hace un año escribimos un manifiesto llamado Música per la Terra. Pero quizás todo esto sí que necesita una mirada más comercial. Pero bueno para mi está todo muy inventado. Además ahora estamos en un problema de definición del soporte de la música. Estamos diciendo que los discos no se encuentran pero la discusión es si tiene que haber discos o no.

¿Cómo te metiste en todo esto? ¿Cómo empezaste a tocar una gralla?
Yo empecé como cantautor. En mi caso yo he vivido comidas donde se canta, después surgió la Nova Cançó y por otro lado, los grupos de música tradicional también marcan un tipo de composición y con el grupo Coses, al final ya introdujimos elementos tradicionales. Cuando el grupo se disolvió yo empecé a dedicarme a esto. Y la gralla llegó a mis manos en los 70. En aquellos años prácticamente sólo la tocaban cuatro abuelos para acompañar a los “castellers” del Penedès. Hubo todo un movimiento de recuperación gracias a Xevi Orriols, de Vilanova, que volvió a construir grallas, luego llegó Arnella y empezamos a tocar y a explicar qué era ese instrumento. Y luego ya entran en los “gegants” y la creación de un método de gralla.

¿Cuesta mucho implicar a la gente? ¿Es verdad que hay muchos católicos no practicantes en el folk?
Hay gente muy fiel pero sí que es verdad que hay mucha gente que está de acuerdo en el planteamiento pero pueden vivir sin esta militancia que nos hace falta. Yo creo que es por todo el paquete en general. Si la gente estuviera muy metida en la difusión y promoción y hubiera una industria más potente detrás eso crearía una dinámica diferente. Aquí nos hemos encontrado a veces con gente que han venido aquí y que no son muy conocidos pero se nos ha llenado el local porque la gente tiene sus canales de información, pero luego no vuelves a ver a esa persona hasta que haces otro acto similar. Nosotros pensamos que este sector se hace un poco cada día. Por ejemplo, por qué estos días no viene un crítico especializado?

No todo el folk es buen folk.
Sí y eso se tiene que decir, porque también es positivo para el grupo, para que vean que hay diferentes opiniones. Crearía cierta normalidad. Es como cuando vas al cine. Yo al menos leo lo que dicen los críticos para guiarme un poco.



Xènia Plaza :.
Febrero '05