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La Vanguardia
Sábado, 30 abril '05

Caen uno tras otro los establecimientos con carácter: esta vez el bar Rosselló (n.º 255, entre paseo de Gràcia y rambla Catalunya), que de la mano de Josep Roca y su mujer había sido inaugurado al calor de la Exposició de 1929. Comunicado con el cine Íntimo, no tardó en ser muy popular. Era un bar sencillo y sin pretensiones, pero en el que mandaba la amistad, lo que propició que allí se arracimara toda suerte de tertulias y ganara a pulso una clientela fidelísima. Todos han sentido este cierre como la pérdida de algo propio.