|
|
|
• El cambio de hábitos vacacionales y el calendario de este año relativizan el efecto del temido 1 de septiembre
• Los únicos atascos de ayer se debieron a las muchas obrasAlbert OllésEl PeriódicoViernes, 02 septiembre '05
¿1 de septiembre o 32 de agosto? El de ayer fue un día atípico. El antaño temido regreso vacacional se quedó esta vez en algunas retenciones en aquellos puntos de entrada y salida de la ciudad afectados por las obras, el único aspecto que se mantiene inalterable en Barcelona con el paso de los años, e incluso con tendencia al alza.
Uno de los puntos negros que provocó más colas fue el de la plaza de Karl Marx y su entorno, a causa de la semicobertura de la Ronda de Dalt. A las 8.30, un jardinero filosofaba al respecto mientras miraba el atasco: "Veo más coches que en verano en hora punta, pero recuerdo días del mes pasado con retenciones superiores en otros momentos. Hay demasiadas obras para tanta gente como la que trabaja en agosto".
Vacaciones fraccionadas
A su lado, un compañero, cual chiste de Forges, puso la guinda: "A ver cuándo se dan cuenta los que mandan y ponen en verano más transporte público y menos vallas". El progresivo cambio de hábitos vacacionales de los barceloneses, que cada vez fraccionan más sus periodos de descanso laboral, se unió ayer a los caprichos del calendario de este año, que situó el 1 de septiembre en jueves.
"Mucha gente volvió el lunes, aunque todavía fuera agosto, y el resto lo harán la semana que viene", explicó Sandra Ramos, una conductora que esperaba pacientemente en otro de los puntos conflictivos: la entrada a la ciudad por la Gran Via desde Badalona, también en obras por otro proyecto similar al de la Ronda de Dalt. "Ha sido un regreso muy escalonado. Un amigo empezó a trabajar el 31 de agosto, que era miércoles. Hay gente para todo", añadió entre sonrisas.
La Ronda del Litoral, entre Sant Adrià y el Paral.lel y, otra vez la Gran Vía, de salida por la plaza de Cerdà, provocaron también retenciones a primera hora. En este último lugar, las obras volvieron a recibir críticas. "Parece que vayan a organizar de nuevo los Juegos Olímpicos", exclamó Asunción Pérez, propietaria de un bar cercano, ante el resto de parroquianos. "El gran colapso se va a montar cuando vuelvan los niños al colegio", respondió uno de ellos.
Donde sí se notó la llegada de septiembre fue en las áreas verdes y azules, que entraron en funcionamiento tras el paréntesis de agosto. En esta ocasión, y a diferencia de lo que sucedió cuando la medida se implantó el pasado 2 de mayo, no hubo protestas ni destrozos en los parquímetros y los distintivos verdes de los residentes coparon buena parte de las plazas.
Área verde tranquila
"El ayuntamiento se ha salido con la suya, pero seguimos insistiendo en pedir el mismo trato para los comerciantes que para los vecinos", reivindicó el responsable de una frutería de la calle de Roger de Flor, en el Eixample.
El último cambio significativo con el que la ciudad despidió a las vacaciones fue la entrada en servicio del tramo de la línea 5 del metro entre
Sagrada Família y Maragall, cortado 33 días por las obras del intercambiador de Sagrera.
En la estación del mismo nombre, donde se hace el transbordo a la L-1 -- también cerrada en un tramo hasta el lunes pasado--, dos pasajeras lamentaron la duración de los trabajos: "Hago vacaciones en octubre y me ha tocado el corte entero. Cada mes hay una sorpresa", dijo Inés Rostre. "He empezado esta semana y todo sigue patas arriba. ¿Acabará algún día?", se preguntó Maria Roser. Hay retornos que que no cambian nunca.