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• Los colectivos damnificados por la ordenanza están "desconcertados" por el cambio de criterio municipal

• El nudismo pasa de recibir subvenciones a estar prohibido


AO
El Periódico
Domingo, 23 octubre '05

"Si nos pinchan no nos sacan sangre". Jacint Ribas y Just Roca, presidentes de dos de las principales asociaciones de Barcelona que defienden el nudismo (la desnudez, según ellos), resumen con esta frase su estado de ánimo actual. Una mezcla de sorpresa e indignación que ellos mismos expresan con una sola palabra: "desconcierto".
No es para menos. En un año han pasado de que el ayuntamiento los subvencionase financiando y editando un tríptico que reconoce el derecho de los ciudadanos a ir desnudos por la calle, a que el mismo equipo de gobierno y el mismo alcalde presenten ahora una ordenanza que prohíbe ese derecho.

Contra el Código Penal
El artículo en cuestión es el 67, cuyo punto 5 indica que la práctica del nudismo "sólo se podrá realizar en los espacios públicos previamente autorizados". Según Ribas, "el artículo contradice el actual Código Penal, que no sanciona la desnudez pública, y dos resoluciones del Parlament en que se constata, textualmente, la necesidad de que las administraciones adopten medidas para suprimir los obstáculos que impidan el ejercicio de la desnudez".
"Y también vulnera la Carta de los Derechos Humanos y la propia Carta Blanca de Barcelona", añade Roca, que recuerda que en el tríptico financiado por el ayuntamiento, del que se han editado 1.000 ejemplares, el consistorio expresa su voluntad de "respetar el derecho de la ciudadanía a la desnudez y a vivir con la indumentaria que libremente se quiera utilizar, o a cualquier grado de desnudez, si ésta es su voluntad o necesidad".
"No podemos permitir este paso atrás, después de tantos años de esfuerzos y problemas", dicen. "Y encima nos llaman incívicos y nos meten en el mismo saco que los que orinan en la calle. Hasta ahora hemos tenido una actitud calmada y respetuosa, pero si quieren guerra la tendrán", aseguran.
Los nudistas no son el único colectivo dispuesto a defender con uñas y dientes sus derechos. Las prostitutas han mostrado con vehemencia su rechazo a la ordenanza y la plataforma Treball Sexual i Convivència, formada por sindicatos y entidades vecinales y ciudadanas, considera que la normativa "criminaliza a las trabajadoras sexuales" y estimula "la intolerancia, el menosprecio, la marginación, la violencia y los prejuicios contra ellas". La plataforma acusa al ayuntamiento de no querer dialogar y asegura que con la ordenanza, "las personas que están en una situación de explotación y bajo el control de mafias quedan en una posición todavía más vulnerable".
La reacción ha sido similar entre las entidades que trabajan con los pobres y los que no tiene techo, con un énfasis especial en la expresión "mendicidad agresiva" que señala el tipo de conductas que serán sancionadas. "Es un término relativo y arbitrario que puede acabar perjudicando a mucha gente sin recursos o enferma que vive como puede en la calle", dice Ramón Novó, de la asociación Arrels. La petición de que las políticas sociales no sean sustituidas por las prohibiciones, ha sido unánime entre estas entidades.

Grafitos y monopatines
Los grafiteros y los skaters, menos organizados, no han hecho declaraciones como grupo, pero el tema se comenta en sus puntos de encuentro. El más clásico, la plaza dels Àngels, frente al MACBA, podría verse afectada por la norma --en el caso de los monopatines-- si el ayuntamiento decide que no es una área para esta práctica.
"No me creo que nos vayan a echar de aquí. Esta plaza está haciendo famosa a Barcelona en todo el mundo", dice Nico, con su monopatín en mano. "Primero dicen que quieren promoción internacional y luego lo prohiben todo. Ahora si que nos vamos a sentir al margen de la ley", concluye.