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Jordi Bordas
La Vanguardia
Martes, 20 diciembre '05

Para las motos y, más concretamente, para las vidas de sus pilotos y acompañantes, el entorno de Barcelona es el escenario más peligroso y trágico de toda Catalunya. De los 15 peores recorridos de Catalunya, que aglutinan en total 471 kilómetros, 13 corresponden a Barcelona y de ellos, siete al área metropolitana, mientras que los ocho restantes se reparten en zonas geográficamente tan distantes como Vilanova i la Geltrú-Vilafranca del Penedès, la ronda de Mataró o la carretera provincial entre Vilassar de Mar y Argentona. La conexión entre Malgrat de Mar y Lloret (Girona) y Salou y Vila-seca (Tarragona) completan el cuadro.

Por primera vez desde que el RACC lleva a cabo este estudio sobre las carreteras, su riesgo y sus accidentes, se ha abordado también qué sucede con las motos y ciclomotores. Y Barcelona se lleva la palma en cuanto a peligrosidad.

En los enclaves analizados se produjeron el año pasado 928 accidentes con víctimas en los que se vieron involucrados motocicletas y ciclomotores, lo que supone un 94 por ciento del total. La mayoría de los motoristas y pasajeros que perdieron la vida circulaba por zonas urbanas (un 44%).

La lista negra para los motoristas está claramente encabezada por la C-245, entre Viladecans y Cornellà: nada menos que el 83% de los accidentes contabilizados tuvo como protagonistas a usuarios de motos. Se registró un siniestro con víctimas mortales o heridos graves por cada 1,267 kilómetros de recorrido. La clasificación también recoge el recorrido de la C-58, entre Barcelona y Cerdanyola, la GI 682 (Malgrat de Mar-Lloret), la N-II (Mataró-Canet) y la C-31, entre El Prat del Llobregat y l´Hospitalet.

A la hora de tratar de encontrar las causas de los siniestros, Alfons Perona, secretario ejecutivo de la Fundació RACC, recordó que el informe no tiene como misión entrar en los factores que intervienen en los siniestros, sino que tan sólo es una "foto" de la realidad. No obstante, sí puso de manifiesto un par de características. Una de ellas es que la mayoría de los accidentes de los motoristas tuvieron lugar en vías de calzada única, no en itinerarios de doble carril, autopistas o autovías. Y, en segundo lugar, que se produjeron principalmente dentro de los límites del área metropolitana de Barcelona, en zonas costeras o carreteras de montaña o muy sinuosas como la que enlaza Vilanova i la Geltrú con Vilafranca del Penedès.

Como sucede con el informe global, también en el mundo de las motos se detecta una disminución en las cifras de muertos y heridos graves: en los últimos cinco años el número de víctimas mortales y lesionados de gravedad ha descendido en un 21 por ciento. Una reducción especialmente relevante en el caso concreto de los ciclomotores: si en el 2000 murieron 46 usuarios, en el 2004 fueron 21. En el caso de las motocicletas, la mejora fue algo menor: de 55 fallecidos en el 2000 se pasó a 47 en el 2004.

Perona no atribuyó a los guardarraíles el único factor de siniestralidad de los motoristas. No negó que el Gobierno no ha cumplido su plan de protección de los guadarraíles (aprobado hace tres años), pero destacó que también el comportamiento de los motoristas está en la base de esta trágica realidad.