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Fernando Nigro, se creó en su Uruguay natal dentro de un ambiente influenciado por el arte. Su padre, restaurador de antigüedades, le transmitió ya de pequeño su pasión por el arte y le apuntó a clases de dibujo. Quedó cautivado por la belleza de las obras que llegaban al estudio de su padre: las tallas de marfil y cristal, los dragones chinos y mangos de samuráis, cerámicas, porcelanas, cuadros y muebles de toda índole. Aprendió pues, la paciencia y la poética de vivir entre objetos de arte y armar un particular y propio universo. Llevar la adrenalina al máximo por la responsabilidad de recrear objetos, para luego descansar, contemplando con orgullo los resultados obtenidos un gusto innato por el dibujo, que supo desplegar junto a sus hermanos, casi como un juego, mientras esquivaban las piezas de su padre, en lo que era la casa-taller en Montevideo.

Cursó desde los 14 años estudios de dibujo artístico en la escuela Continental School, dos años de dibujo técnico, arte decorativo en Instituto Formas, y se recibió como decorador de interiores en escuela Gino Moncalvo en '82.

Por influencia de su madre, enfermera de profesión, cursó estudios sanitarios, recibiéndose en el año '82 como enfermero titulado. De ella heredó, además, la ética profesional y humana, y el arte de saber escuchar. Y el tatuaje, sin duda alguna, representó la oportunidad de unir esos dos mundos que el tanto admiraba.

Y esa oportunidad le llegó de sus amigos tatuadores Carlos Arralde y Belén, y de Oscar y Nora, primero amigos y luego tatuadores, quienes le introdujeron en el apasionante arte del que hoy, después de más de doce años, sigue en constante proceso de aprendizaje y evolución, con el mismo anhelo de expresar su arte, e intentando transmitir a la piel todos esos conocimientos que él tuvo la suerte de adquirir. Asumir toda esa responsabilidad y volcar todo lo máximo que se pueda.