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Desde temprana edad Marès reveló interés por el coleccionismo
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Frederic Marès i Deulovol nació en Portbou, cerca de la frontera con Francia, en 1893 y llega a Barcelona con su familia en 1903, con diez años.

Desarrolló su formación artística en la Escuela de Artes y Oficios y Bellas Artes, y completó sus estudios con estancias en el extranjero.

Poco después de acabar su formación, entra a formar parte del cuerpo de profesores de dicha escuela, una tarea que no abandonará hasta su jubilación en 1964.

Marès fue escultor, coleccionista y docente, y llegó a compartir la dirección de la Escuela Superior de Bellas Artes y de la Escuela de Artes Aplicadas de Barcelona, e incluso a compaginarlas, durante un breve periodo, con la presidencia de la Real Academia de Bellas Artes.

A los inicios de su carrera de profesor, Marès trabajó en el taller del escultor modernista Eusebi Arnau i Mascort. Su primer monumento en Barcelona, dedicado al canónigo Rodó en la plaza del Clot, inaugurado en 1919 es de este período.

Escultor
En estos primeros años, Marès es considerado un escultor de la segunda generación novecentista

La fama que cosecha no se deberá tanto a este tipo de obras sino a su especialización en la escultura monumental.

A finales de la década de los veinte, cuando realizó varios monumentos en Barcelona, entre los que destaca la obra Niña encima de un pez, ejemplar de uno de los cuatro niños que decoraban el antiguo surtidor de la Plaza Cataluña (hoy en el cruce de la Gran Via con Rambla Catalunya).

Otras muestras en el campo de la estatuaria pública de antes de la Guerra Civil son el monumento a Francesc Layret, las esculturas que decoran la escalera-mirador de Montjuïc y las de la fachada del Pabellón de la Ciudad del mismo parque.

Restaurador
Una vez acabada la guerra, la tarea de Marès se centró en la restauración. Muchos monumentos de barceloneses que sobrevivieron a la guerra fueron restaurados por él, como es el caso de la cola del caballo de la escultura de Ramon Berenguer III el Gran.

A partir de entonces Marès pasa a ser el artista más solicitado para llevar a cabo aquellos encargos conmemorativos de carácter oficial que requerían un lenguaje figurativo, como las estatuas de Jaime I y Jaime II en la Catedral de Mallorca, del rey Sancho de Mallorca en Perpiñán, de Jaime I en Montpelier o las esculturas exentas que representan a Alfonso III en Mahón, Jaime I y Ramón Muntaner en Figueres y Luis Vives en Elche.

Realizó varias obras, en la que pretendía rehacer la iglesia con todas las decoraciones aplicadas y toda la estatuaria y orfebrería del interior; o tan espectaculares como La exaltación de la Santa Cruz de 1975, colgada encima del altar mayor de la Catedral de Barcelona.

Coleccionista
Desde temprana edad Marès reveló una interés por coleccionar todo lo relacionado con el arte y pequeños recuerdos gráficos, adentrándose al mundo de los anticuarios y las subastas de obras de arte más tarde. Es entonces cuando empezará a adquirir las primeras colecciones.

Al contrario de muchos coleccionistas, Maràs n o procedía de familia adinerada, por eso la fuente de financiación de sus colecciones nunca fue el patrimonio familiar. Son los beneficios obtenidos con los encargos escultóricos los que le permiten financiar su afición.

Primeramente su colección era para disfrute personal, de su familia y amigos, y solo más adelante, hacía la década de los cuarenta, la vocación pública de Marès posibilita que aquellos objetos reunidos a lo largo de los años sean conocidos por los ciudadanos. En 1944, la Asociación de Amigos de los Museos de Cataluña organizó una exposición con una selección de la colección: entonces Marès hizo pública la voluntad de donarla a la ciudad, creándose de esta forma el Museo Frederic Marès, en 1948. Marès falleció en Barcelona en 1991.

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