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Comediantes hacen un teatro de colores, olores y texturas pero también de provocación
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Compañía de teatro
Els Comediants

Comediants es un colectivo de actores, músicos y artistas de todo tipo dedicado al mundo de la creación. Aunque básicamente se le conoce como grupo teatral, lo cierto es que cuenta en su haber con una variada producción en los campos más dispares. Diseño, discos, libros, proyectos festivos, películas, vestuario, materiales pedagógicos o series de televisión son algunas de las distintas actividades en las que el equipo ha ido desarrollando, ya sea con voz propia o ajena, su particular forma de expresión

Hijos de la Escuela de Teatro Independiente de Barcelona, Comediants apareció el 19 de noviembre de 1971 bajo el signo de la transgresión. Por un lado, frente al teatro oficial y optando por beber del teatro más vanguardista que se hacía en el extranjero (Théâtre du Soleil, Bread and Puppet, Teatro Campesino de San Francisco, el Odin Teatret...), apostaron por un teatro basado en experiencias colectivas sin texto ni director. Por otro lado, sin embargo, su intención pasaba por la recuperación de un teatro escénicamente vivo e interdisciplinario al modo de aquellos viejos comediantes que llenaban las plazas con sólo una carreta, una historia y mil artimañas con las que contar la misma historia de un modo distinto cada vez.

Desde sus orígenes, la compañía ha estado unida a lo que podría denominarse el espíritu festivo de la existencia humana. Todas sus creaciones, rituales, ceremonias paganas, populares, religiosas o iniciáticas celebran el paso cíclico de los humanos en la Tierra. Así pues, sus representaciones y espectáculos van más allá del hecho puramente teatral o musical y buscan reactivar las profundas raíces festivas que nos cohesionan como especie y que nos conectan con la naturaleza de la que formamos parte. De este modo, ha ido desarrollando un método de trabajo en el que no existe limitación alguna. Cualquier sitio puede servir de escenario (una calle, una plaza, un barrio entero, un río, un prado, el Acueducto de Segovia, el Estadio Olímpico, la estación de metro de Times Square o el lago de Banyoles), cualquier elemento puede ser objeto de dramatización (un vaso de leche, una cama, un cabezudo...) y cualquier tipo de lenguaje (mimo, clown, comedia dell'arte, títeres...) puede ser perfectamente válido para llegar al espectador sin distinción de edad.

¿El objetivo? Plantear un "teatro de los sentidos", un teatro de colores, olores y texturas pero también de provocación. La provocación que supone el optimismo frente a ciertas realidades actuales. La provocación que supone redescubrir lo cotidiano frente a la imparable rueda del tiempo. Y finalmente, la provocación del compromiso con el presente, el abrir los ojos a la gente para que vuelva a ver el mundo como una maravillosa gran casa de cultura y amistad de la que todos tenemos que cuidar antes de que sea demasiado tarde.

La vida del grupo es parecida a la vida de una persona: un viaje sin retorno en un espacio y un tiempo determinados. Saboreando la vida, el vaso va quedando medio vacío cuando antes estaba medio lleno, pero, sin embargo, lo esencial es no perder la ilusión, dejarse sorprender por la fascinación y la maravilla, y jugar a la gallinita ciega de la aventura sin que importe la edad.

El tiempo es un mago que ordena la vida: nos da la oportunidad de ser niños para vislumbrar un inmenso futuro sin darle ninguna trascendencia; en la juventud, cuando el enfrentamiento y la radicalización son el motor de la vida, nos descubre el placer, la energía y el amor; en la madurez nos propone el discernimiento y nos pone de manifiesto que todo tiene un sentido y que no vale la pena derrochar el tiempo de manera superficial. Sería fantástico si cada etapa de nuestra existencia, personal y colectiva, fuera una suma ¡no una negación! de las etapas, los procesos y los aprendizajes anteriores.

Hay que apostar por el progreso, dar paso a las nuevas generaciones y dejarnos seducir por los cambios que el tiempo nos plantea sin perder la autenticidad de nuestro pensamiento más sincero. ¿Qué problema hay en navegar por Internet con un buen gazpacho y un vaso de vino en las manos?

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