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José Luis Tarragona
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| fecha 28/05/2004 11:01 | |
Raymond Carver representa para muchos, y entre ellos me incluyo, un modelo de literatura a imitar. La narrativa carveriana consigue lo que muchas veces se pretende: contar mucho con poco y de forma clara, con economía de medios, limpiando el texto de añadidos innecesarios, emocionar sin implicarse, “exprimir” el párrafo. A eso se le llamó minimalismo y a él no le gustaba, tal vez lo interpretaba como una visión peyorativa de su obra. Nada más alejado de la verdad. Con su “minimalismo” creó escuela. Mostró una realidad americana, como también hizo Cheever, muy alejada de esa tierra de promisión que algunos vendían, el “sueño americano” hecho trizas. Pero mucho más allá de la temática estaba la forma de plantearla. La pobreza de expectativas, de optimismo de los personajes, parecía ya plasmada en la escasez de las palabras: nada de florituras, fuera adornos estéticos, guerra a los adjetivos pomposos y al ripio de metáforas manidas. La palabra por la palabra. Alcanzar el sentimiento con palabras sencillas muy bien embastadas, mediante un ritmo magistralmente concebido. Eso es Carver para la literatura. Desde mi punto de vista lo mismo que Hooper para la pintura o que Tom Waits para la música (“Martha”).
Saludos.
José Luis
tarratertulia@terra.es
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